Nos tropezamos con ruido, si. La vida está llena de ruido. Seres que pretenden llenar tus oídos con sus razones, de lo que sea, de eso que para ellos es verdad. Y van dejando aquí y allá, como repartidores de periódico de antaño, pretendiendo que al abrir la puerta, todo ser que los lee se alarme, se asuste, se sienta culpable...tal vez.
A veces, cerrar los ojos, alejarse, pretender que no existen, empezar a migrar para no escuchar tanto ruido de egos.
La vida es tan increíblemente distinta para cada ser, eso es lo que aún no terminan de entender. No se puede meter a todos los seres por un mismo molde, no se puede obligar a pertenecer, a pregonar creencias, a defender criterios, sin comprender la diversidad, las circunstancias, las diferencias.
A veces, callar, regalarnos el silencio, porque es para nosotros, porque hay un mundo interno del que sólo nosotros somos responsables. Entonces queda decidir desconectar. Y si, hay consecuencias, pues siempre las habrá. Pero queda la certeza de comprender que así como somos uno, ese uno también son muchos, distintos, lanzados como flechas a destinos indistintos. Culpabilizar, juzgar, señalar y disfrutar ese proceso es solo para aquellos que han hecho de un dogma su camino, y en los dogmas no hay libertad.
Silencio. Tesoro bendito. No reaccionar, el tiempo enseña lo valioso de la palabra, lo importante de entregarla solo para defender la paz. Y eso ocurre cuando la armonía es la base, el respeto, el conocimiento del otro, la validación del otro y sus procesos, la no comparación.
Las cruzadas ya pasaron, como para andar colgando cabezas en un momento del mundo donde ya nacer es bastante difícil.
Entreguense el silencio, esa sensación de no lucha. Ya a cierta distancia de la cuesta, es necesario ahorrar energías, vamos a guardarlas para ver el atardecer desde la cima.
Escritos de una madrugada.
Zully🦋
Imágen propia