En México en el año 2023, ciudad de Guanajuato, estudiaban tres parejas de jóvenes en la Escuela Hexen de magia, brujería y ocultismo, estaban en la etapa final de la carrera y debían hacer su tesis acerca del misticismo, superstición y ocultismo.
Recopilando anéctotas se acercaron al abuelo de uno de ellos para escuchar las historias de la época, les contó de la conquista de España a México, del auge folklórico y que en 1933 hubo una pareja de enamorados que tuvieron 3 hijos y con la llegada de los hijos el abandono de su esposo, Mayo, quien la abandonó por una mujer con una posición social mayor.
Luisa, al sentirse abandonada mató a sus tres hijos tirándolos al río, al darse cuenta que al marido no le importó y había cometido una locura se apuñaló el pecho y murió.
Después de su muerte se escuchaban los gritos de una mujer llamando a sus hijos, se comenta que todavía el espíritu está rondando por los ríos, pueblos y ciudades con el desesperado grito de” Ay mis hijos”.
En cuanto el abuelo terminó planearon irse a una casa abandonada a las afueras de la ciudad, cerca de la Hacienda Siete Reales donde supuestamente estaban los restos de la mujer, era una buena idea para propiciar un ambiente abrumador y tenebroso, escogieron el viernes 13 de octubre ya que no podían esperar hasta el 1 de noviembre que es el día de los muertos.
Todos decidieron llevar una prenda de vestir de color amarillo para atraer a los espíritus. Fueron a una tienda de reliquias antiguas, compraron una cámara fotográfica y una tabla de Güija que era lo que utilizarían para comunicarse con el más allá.
Todo estaba listo cuando ocurrió un inconveniente, una de las parejas tenía un niño y ese fin de semana la nana no podía ir a cuidarlo, entonces decidieron llevarlo.
El abuelo al ver que estaban decididos a aventurarse les dijo: Tengan cuidado al encontrarla, eso significaría que uno de sus seres queridos pronto va a fallecer, cuidado Estela, que todavía me quedan muchas cosas por ver. Ah y se me olvidaba, por si se les aparece van a tener que demostrarle que sus hijos están muertos, es lo único que la calmará.
Llegaron a la casona abandonada se establecieron y esperaron las 12 de la noche. Dejaron al niño durmiendo en una de las habitaciones cercanas. Se sentaron a la mesa y colocaron la tabla al centro, las velas y un hueso encontrado en el cementerio camino a la casa que les servía para señalar las letras y números de la tabla mientras invocan a los espíritus.
Utilizaron el nombre de Luisa para invocarla, al primer intento fallaron, todos se miraron incrédulos y comenzaron a reír, hasta que de repente las luces comenzaron a parpadear y un viento apagó las velas, se cerraban y abrían las ventanas.
Se apagaron las luces y todo se volvió tenebroso, solo se oían las lámparas caer y un grito espantoso.
Las luces se encendieron y estaba una de las chicas tirada en el suelo con la cara desencajada y emitiendo gritos ahogados de desesperación, su voz era ronca, sus ropas estaban rasgadas y sucias daba la impresión que estaban mojadas.
Todos intentaron detenerla pero con una fuerza descomunal los apartó y fue a refugiarse donde estaba el niño durmiendo, por mucho que intentaron abrir la puerta no lo lograron.
Desde el interior de la habitación se sentía llorando al niño y a la voz espectral de la mujer consolándolo.
Los muchachos le pedían por favor al ente que no le hiciera daño, sin conseguir respuesta alguna, se sintió un silencio profundo y la puerta se abrió sola, desesperados entraron a la habitación pero no había nadie, la ventana estaba abierta y todavía se balanceaba.
Todos salieron despavoridos de la casa pero ni rastro de la jóven, solo se oía a lo lejos el canto de cuna del espíritu que había poseído a la muchacha.
Continuará......