Cuando logró recuperar el ritmo de mi respiración y salir de aquella corriente de retorno la veo a ella, con solo un poco de arena en su cabello y con la respiración agitada por el esfuerzo físico, pero sana y salva se podría decir que fresca como una rosa, mientras yo me muero de dolor por el increíble golpazo que me lleve solo por ayudarla.
-¿Te encuentras bien?- Oooh! Por dios, ¿De verdad me está preguntando eso? Obviamente no estoy bien, si lo estuviera, ¿Crees que tendría todo el torso lleno de raspones, sangre y arena incrustada? –La miro detenidamente a ver si está siendo sarcástica o habla en serio.
-¿Y bien?... ¿Estás bien?- Pregunta al ver que no respondo.
-Si –le respondo toscamente y le indico al resto del grupo que realizaremos dos vueltas más en el agua.
-Ya no puedo más, ¿Puedo quedarme en la orilla por favor? –pregunta ella en voz baja.
-Bien, quédate aquí con tus compañeras mientras nosotros terminamos. – Me doy la vuelta y comienzo a trotar hacia la orilla.
Cuando entro al mar nuevamente y el agua salada entra en contacto con mi costado lastimado siento como si prendieran una antorcha sobre mi piel, pero soy testarudo y no puedo demostrar dolor.
Termino las dos vueltas y llego de nuevo a donde se encuentra el grupo de chicas que están bajo mi cargo.
Ella me mira nuevamente y es como si sus ojos vieran por primera vez mi herida. Su rostro se convierte en un ceño fruncido.
-¿Te encuentras bien? –Pregunta de nuevo.
Todavía estoy furioso con ella. Pero al verla mejor veo en sus ojos autentica preocupación, unos ojos color café angustiados y avergonzados se encuentran con los míos y por un breve instante me dejan petrificado, en ese momento siento como si pudiera leer mi pensamiento y automáticamente me siento culpable. Tiene una cara pequeña y dulce y se está ruborizando por mi mirada.
-No –Es lo único que soy capaz de responder.
-¿Duele mucho? –Pregunta mientras se intensifica la preocupación y el rubor que cubre su rostro.
-No, se ve peor de lo que realmente es. –Miento, no soy capaz de seguir viendo tanta preocupación en su rostro y no puedo demostrarle que en realidad siento como si tuviese el costado prendido en fuego- Necesito una cura local, te sientes capaz de hacerla?- pregunto.
-Claro, peeero..- Duda.
-¿Pero qué?
-Nunca he hecho una cura local, tendrás que explicarme como. –Dice apenada y desviando la mirada de mis ojos.
-Bien – Mientras le digo esto ella abre el maletín de primeros auxilios y en su rostro veo una determinación y un profesionalismo increíble, se mete un mechón de cabello que se le ha salido de la cola detrás de la oreja y me mira esperando instrucciones.
-Saca la solución salina y limpia, que no quede sangre ni suciedad en ella –Hace lo que le digo y busca una gasa en el maletín, antes de pasar la gasa por la herida me mira y sin remordimientos presiona fuertemente sobre la herida mientras se muerde el labio.
-Aaaauuuuuuuuch – Grito demostrando por primera vez autentico dolor –¿Acaso te estas vengando de mi por alguna cosa? –le pregunto bruscamente.
-¿Esa herida es mía?. No, no es mía – Responde mientras me mira desafiante –El guardavidas que me supervisa dice – Primero yo, segundo yo, tercero yo, cuarto yo y por ultimo mi equipo, así que como la herida no es mía y tengo que hacer un buen trabajo para que te mejores, cierra los ojos y aguanta hasta que termine –dijo mirándome fijamente.
Me dejo impresionado, no sabía que decir, realmente ella me había prestado atención y toda esa tenacidad y ganas de hacer las cosas bien me dejaron sin habla. Había aprendido muy bien la chica, ese carácter y esa facilidad de cambiar de una chica dulce a la más fuerte y determinada llamaron mi atención, no podía dejar de pensar en ella.
¿Me había enamorado de aquella chica? Puede que sí, puede que no…
Eso lo sabremos en la próxima parte de esta historia.
Continuara...
¡Relatos de un Guardavida! #1
Imagenes referencial de la herida en mi costado derecho
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