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Cuatro de la mañana
mis ojos se abren;
fijos en la ventana,
esperando el amanecer con ansiedad,
el anhelo de libertad latente.
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Cinco de la mañana
mis oídos se inundan con música;
mi mente divaga,
imaginándose un mundo alterno
en donde el dinero es la menor de las preocupaciones.
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Seis de la mañana apago todo y me recuesto;
la inspiración está ahí,
la herramienta está ahí,
el tiempo está disponible.
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Lo único que no puedo hacer en este mundo
es perseguir mis sueños
renunciando a las comodidades de un trabajo formal
e ignorando la voz de los denominados exitosos.