Desde el famoso malecón Paseo Colón, Venezuela, esta imagen la tomé mientras la niña miraba fijamente hacia el mar. Luego de hacer la foto, quedé observándola cómo jugaba con la arena, salpicaba el agua, se mojaba a pesar de la brisa fría y no percataba que la contemplaba desde mis ojos. Percibí una niña en paz como la tarde y la playa. Suspiré con bálsamo en el alma al sentirla feliz. Me dejé llevar por el viento, la tomé de la mano y le dije: "es hora de irnos, hija."