El ritmo acelerado en el que vivimos es el principal causante de que nos hayamos olvidado de lo esencial: SENTIR.
Y no me refiero nada más a los sentimientos. Yo hablo de detenerte a pensar en qué momento de tu vida estás, yo hablo de respirar hondo y lentamente prestando atención a cómo tus pulmones se llenan de aire, yo hablo de caminar descalzos y sentir el suelo/grama/tierra y su temperatura. Yo me refiero a sentir el peso de tu cuerpo, el viento que roza tu cara, el silencio que te hace reflexionar.
¿A cuántos de nosotros nos ha consumido el estrés? Yo era la primera que se estresaba con todo. Me dejaba absorber por pensamientos negativos y fatalistas. Y ni se diga de la falta de motivación para hacer las cosas… todo este ciclo negativo me envolvía y no me permitía organizarme en lo que realmente debía hacer. Y cuando no te organizas es imposible que tomes acción en tus metas.
Por eso es tan importante tomarse un tiempo para uno, tener su espacio. Y no me refiero a tener un hobby o hacer otra cosa que te apasione, yo hablo de escucharte a ti mismo, pensar en lo bueno y malo que has hecho, en hacer una verdadera introspección. En tener consciencia de nuestro yo sin estar ocupado en nada más.
Debo confesar que yo antes no le daba crédito a estas cosas, pensaba que era imposible resolver los problemas de esta manera, pero cuando comencé a poner en práctica lo de escucharme, las cosas comenzaron a fluir a mi favor.
No te imaginas los beneficios que tiene hacer esto. Para empezar, si eres una persona distraída como yo, te va a ayudar a concentrarte mejor y a poner en orden tus pensamientos. Los distraídos normalmente somos personas muy activas y lo mismo pasa en nuestra cabeza. Sufrimos de un bombardeo de ideas tan fuerte que al final no llegamos a nada. Hacer introspección te ayuda a quedarte con los pensamientos que sí importan y a desechar los que no.
Lo mismo ocurre con nuestros objetivos. Muchas veces no nos enfocamos en metas realistas a corto plazo, entonces, nos ponemos objetivos tan difíciles de alcanzar en poco tiempo que desistimos con una gran frustración en el camino. Prestarle atención a tu diálogo interno te ayuda a definir qué es lo que quieres realmente y a enfocarte en cumplir lo que deseas de una manera más sana.
También te beneficia en separar la rutina diaria de ti, en impedir que ésta te siga contaminando. ¿Cuántas veces confundimos el estar ocupado en muchas cosas con vivir? Tener muchas cosas qué hacer en el día no significa que estés viviendo. Te separa de ti mismo y te ayuda, ¡pero a seguir inventando excusas para alejarte de tus sueños!
Agradecer es fundamental y hacerlo apenas abres los ojos en las mañanas tiene una carga positiva poderosísima. (Además de que es otra manera de hablar contigo mismo).
¿Y agradecer por qué? Por un nuevo día, por tener salud, por tener un techo donde dormir, por tener qué comer, por tener un trabajo… la lista es infinita. Muchas de las cosas que mencioné son “obvias”, ¿pero cuántas veces damos por sentado algo que tenemos siempre al alcance? Nunca hay que dar nada por sentado porque esas cosas “simples” significan un imposible para muchas personas que no las tienen.
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