El cielo de camino a casa. Cosas pequeñas que me sostienen #39 por veramfund. [Esp/Eng]

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Fuente Pixabay

Hay días en los que uno sale del trabajo pensando únicamente en llegar a casa. No importa demasiado lo que haya alrededor. Uno camina, revisa mentalmente lo que tiene pendiente, piensa en la cena, en algo que debe resolver al día siguiente o simplemente en que ya quiere quitarse los zapatos y descansar.

Hace unos días iba así, bastante metida en mis propios pensamientos. Conocía perfectamente el camino y lo estaba recorriendo casi de memoria. Al pasar entre unos edificios, algo me hizo levantar la cabeza.

El cielo estaba lleno de colores.

Había una parte todavía azul, otra teñida de naranja y unas nubes que habían tomado tonos rosados y violetas. Los edificios quedaban oscuros delante de todo aquello y, por unos minutos, parecían formar parte de la escena.

Me detuve.

No tenía ninguna razón especial para hacerlo. No estaba esperando a nadie ni tenía que tomar una foto. Simplemente me quedé mirando hacia arriba. La gente seguía caminando a mi alrededor, algunos hablando por teléfono, otros cargando bolsas o apurando el paso para llegar a algún sitio.

Yo también tenía cosas que hacer, pero durante un momento dejaron de parecer tan urgentes.

Me sorprendió pensar que ese cielo probablemente había estado allí muchas otras tardes. Quizás con otros colores, quizás más despejado o más nublado, pero siempre encima de las mismas calles. Lo que había cambiado no era el cielo. Era que ese día yo había levantado la mirada.

Creo que muchas veces nos pasa algo parecido. Estamos tan concentrados en llegar al lugar al que vamos que dejamos de mirar lo que ocurre durante el trayecto. Y no hablo solamente de los atardeceres. Puede ser una ventana iluminada, una sombra bonita sobre una pared, alguien paseando con su perro o una planta creciendo junto a una acera. Las cosas están ahí, pero hace falta un pequeño espacio de atención para encontrarlas.

Aquella tarde no me quedé mucho tiempo. Después de unos minutos continué caminando y llegué a casa como tenía previsto. No cambió nada importante de mi día. Los pendientes seguían pendientes y al día siguiente tendría que volver a ocuparme de ellos.

Pero el camino de regreso se sintió diferente.

Desde entonces intento mirar un poco más hacia arriba cuando voy de camino a casa. No siempre encuentro un cielo espectacular. Algunas tardes está gris, otras simplemente está despejado y no ocurre nada especial. Y está bien. No quiero convertirlo en otra cosa que tenga que hacer todos los días.

Solo me gusta recordar que, incluso en una jornada corriente, puede haber un momento bonito esperando justo encima de nosotros.

A veces basta con detenerse un minuto para verlo.

Gracias por acompañarme en otro de esos pequeños momentos que consiguen hacer un poco más amable un día normal.

Esto es Vera, intentando no llegar tan rápido a casa como para perderme lo que ocurre en el camino.

Las imágenes utilizadas en esta publicación fueron obtenidas de Pixabay.

La traducción al inglés fue realizada con DeepL Translate.


In English


Small Things That Sustain Me #39 — The Sky on the Way Home


Source Pixabay

There are days when you leave work thinking about nothing but getting home. It doesn't really matter what is around you. You walk, go over the things you still have to do in your head, think about dinner, something you need to take care of the next day, or simply about taking off your shoes and resting.

A few days ago, I was walking like that, completely caught up in my own thoughts. I knew the route perfectly and was almost walking it from memory. As I passed between some buildings, something made me look up.

The sky was full of colors.

There was still some blue, another part was turning orange, and the clouds had taken on shades of pink and violet. The buildings were dark against it all and, for a few minutes, seemed to become part of the scene.

I stopped.

There was no particular reason. I wasn't waiting for anyone, and I didn't need to take a picture. I simply stood there looking up. People kept walking around me, some talking on the phone, others carrying bags or hurrying to get somewhere.

I had things to do too, but for a moment they stopped feeling so urgent.

It surprised me to think that the same sky had probably been there on many other afternoons. Maybe with different colors, perhaps clearer or cloudier, but always above the same streets. What had changed wasn't the sky. It was that, that day, I had looked up.

I think something similar happens to us quite often. We become so focused on getting where we're going that we stop noticing what is happening along the way. And I'm not talking only about sunsets. It can be a lit window, a beautiful shadow on a wall, someone walking their dog, or a plant growing beside a sidewalk. These things are there, but we need to give them a little bit of our attention to notice them.

I didn't stay there for long that afternoon. After a few minutes, I continued walking and eventually got home as planned. Nothing important about my day had changed. The things I needed to do were still waiting, and the next day I would have to deal with them.

But the walk home felt different.

Since then, I try to look up a little more when I'm on my way home. I don't always find a spectacular sky. Some afternoons are gray, others are simply clear and nothing special happens. And that's fine. I don't want to turn it into another thing I have to do every day.

I just like remembering that, even on an ordinary day, there may be a beautiful moment waiting right above us.

Sometimes all it takes is stopping for a minute to see it.

Thank you for joining me for another one of those small moments that can make an ordinary day a little gentler.

This is Vera, trying not to get home so quickly that I miss what is happening along the way.

The images used in this publication were obtained from Pixabay.

The English translation was done using DeepL Translate.


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