“Navidad que vuelve”…Decían.
Los venezolanos hoy más que nunca sabemos toda la mentira que encierra esa pequeña frase. Tanto que nos gustaba y alegraba. Era motivo de reuniones y felicidad. Te robaba tus miedos y soledad, mientras a cambio te daba sonrisas y apapachos.
La navidad era mucho más que una simple fecha, era la excusa para poder limar las perezas, para reunirte, para regresar a la casa de los “viejos”, para un reencuentro. Era ese momento sublime de despertar junto a todos tus primos, aun cuando ni te sabias sus nombres. Era dar amor y sonrisas a quien no conocías.
Un mes de ilusión y alegrías, de felicidad y ‘bochinches’, de ‘pachangas’ que solo el venezolano sabe lo que las goza, de bailes hasta que el cuerpo aguante, de comer hasta amanecer para poder soportar el trago. De tantas cosas.
Mientras que ahora la navidad no es más que un mes que te recuerda que el reloj sigue andando y cada vez avisa con más sonoridad que estamos más cerca del estallido. No sabemos quién será golpeado ni quien el golpeador, pero ni siquiera es importante averiguarlo porque es incierto quien llegará a la pelea. Es una batalla que ya ha empezado, lenta y tortuosa, de camino largo y fino.
Precisamente eso pasa en navidad, estamos conscientes de que es navidad, pero también lo estamos que ya no es lo mismo y es gracias a muchas personas y en especial a nuestro Supremo. Ya no sabemos lo que es andar sin política. Ya no sabemos hacer chistes sin nombrar a los que mandan. Ya no sabemos lo que tener navidad. Y lo más importante, ya no sabemos lo que es soñar.
Una vez más la navidad ya no es posible, está vez reinan las videollamadas y conexiones para poder compartir con quien está lejos. De manera brutal las imágenes en redes celebrando navidad son aquellas que se tomaron en las despedidas de un ser querido. La comida que era infaltable ahora es solo un gusto que pocos se pueden dar y a medias. La esperanza de compartir y esperar un momento para ver el brillo en los ojos de los demás, no es más que encontrarse con la rabia de una amarga navidad.
Compartir ya no es posible, ya no se trata de egoísmo, sino de necesidad. Las luces que cubrían las noches con sus colores y reflejaban la silueta de un gran árbol de navidad, no son más que unas tres, que más allá de cubrirte, te desnuda ante semejante tristeza que invade el cuerpo. Además, aquellas casas que mantenían la grandeza de la navidad por sus habitantes, ya no está. No es más que una terrible oscuridad que te deja un breve y lento escalofrío.
Sin deseos para esta navidad, sin esperanzas y sin amor, es como más de un venezolano se encuentra, pero no por decisión propia. Sin embargo, si algo es evidente, es la fortaleza que nos caracteriza. Así que luchemos por rescatar esos últimos días de navidad y roguemos todos por un bien en común, que nuestro deseo sea solo uno: una navidad sin tanta patria.