Todas las miradas estaban sobre mí, incluso la de ella, la chica de la blusa brillante que acababa de cruzar por la entrada del restaurante y por la cual había permanecido distraído todo el día. De inmediato tuve que volver en mí, me agaché para recoger los pedazos de vidrio y pude notar como se iban acercando unas botas de terciopelo hasta quedar justo en frente de mí. Alzo la mirada y la veo, aun creyendo que se trata de una especie de espejismo o fantasía provocada por los desvaríos de mi mente me incorporo y quedo frente a ella. Debía medir unos 167 centímetros incluyendo el alto de los tacones, por lo que nuestras miradas quedaron casi a la misma distancia.
-¿Estas bien? - me pregunta- ¿no has salido herido?-
-¡Oh vaya Señorita!, cuanto bochorno, no se preocupe por mí, estoy bien, permítame acompañarla a una mesa y en seguida un mesonero irá a atenderla.-
Al dejarla en la mesa continúe limpiando el desastre que había ocasionado y me dirigí a hablar con el jefe de mesoneros; un buen hombre de pasados los 40 años de edad llamado Josep, que interpretó mis descuidos como cansancio acumulado y me sugirió tomarme libre lo que quedaba de día.
-Ve a descansar muchacho, si continuas así, a mi edad no podrás ni estar de pie por más de media hora. No te preocupes por la paga, yo me encargo .-
Decidí tomar su consejo, no es que estuviera muy cansado, pero ciertamente no descansaba lo suficiente; solía levantarme unas 4 o 5 veces cada noche sin ningún motivo explicable y conciliar el sueño me resultaba más difícil por cada vez. Recogí mis cosas, salí por la puerta del personal y encendí un cigarro; mientras lo consumía en el sucio callejón me preguntaba si estaría aún la chica en el restaurante, aunque no tuve el valor de ir a averiguarlo.
Salí del callejón del restaurante y me disponía a emprender camino hacia mi departamento cuando al pasar por la vidriera del restaurante escucho unos pequeños golpecitos, era ella, aquella chica me llamaba desde el interior del lugar y me invitaba a pasar con ella.
Mi corazón empezó a latir muy fuerte, no tenía idea de que decir o como reaccionar, pero su sonrisa era tan hipnótica que respire profundo y me decidí a entrar. Camine un poco nervioso hasta su mesa, espero nadie hubiese notado el tambalear de mis piernas.
-Disculpa pero, ¿era a mi a quien llamabas a través del vidrio?- que estúpido fui al decir eso, pero no se me ocurrió algo más inteligente.
-Seguro, ¿quieres sentarte? Quede preocupada por lo de tu pequeño accidente. Ven te invito un café-
Apenado me senté frente a ella, intentando no verla directamente a los ojos por tanto tiempo, sería un poco raro e incómodo si llegase a perderme mientras la miraba.
-¿Seguro que no has tenido problemas con tu trabajo? -
-Si, no tienes de que preocuparte, mi jefe me ha dado el día para descansar, así que estoy seguro de que un café y una grata compañía me sentarían muy bien en este momento. -
-Espero poder ser esa grata compañía, mucho gusto me llamo Lucía-
Extiendo mi mano para estrechar la suya y un nudo se crea en mi garganta, estaba nervioso y sudaba un poco, pero intenté ser lo más natural que pude. No había sentido manos tan frágiles y suaves hasta aquel preciso momento en el que nuestras manos de rozaron por primera vez.
-El gusto es mío, Raúl. -
Nota a los lectores: espero les haya gustado esta segunda parte de Un Café para Dos ^^ la primera parte esta por acá ---> https://steemit.com/spanish/@titadriana/un-cafe-para-dos-parte-1
Los Leo luego. -Chao ^^