Muchas veces, creemos (en mi opinión más sincero, y quizás menos popular) que la familia es algo que damos por sentado. Y, claramente no es así... Si bien, la sangre y la herencia de nuestros ancestros unen nuestras existencias actuales y dan sentido a los miembros de nuestros grupos afectivos y de relaciones, no es menos cierto que es la unión, la empatía y el dese compartido de goce de la vida lo que hace que lo ordinario se vuelve absolutamente extraordinario. Una pizza, una selfie, o incluso; un breve paseo de domingo por unas calles repletas de lluvia de primavera y mal tiempo, puede llegar a ser memorables gracias a los elementos que solo una familia puede ofrecer.
A veces, somos partes de un grupo. Otras veces, nos alejamos de ese grupo con que el Cúa compartimos genes y sangre, pero donde nada más nos acerca. De una persona a la cual amo y daría mi vida pero que no podría donarme un riñón (aún queriendo hacerlo) por no ser mi familiar directo, aprendí que somos responsables de las personas con las que decidimos juntarnos siendo grandes. Va en contra de la creencia acerca del destino o con la que hemos crecido desde la niñez, e incluso contradice todo lo que hemos "aprendido" culturalmente pero sin embargo, analicen un poco sus relaciones más poderosas y estables...
Con esto no estoy insinuando que solo fuera del núcleo de la familia clásica no se pueda hallar verdadera comprensión y entendimiento, no. Solo exprés mi punt de vista. En mi niñez, crecí siendo una chica extremadamente solitaria y aislada. No por razones físicas o psíquicas, sino porque me tocó vivir experiencias como paria social, y formé mi mentalidad y personalidad en función de estos acontecimientos. Me habría gustado recoger flores del campo con mamá y reír mientras tomábamos un té bajo los rayos del sol en el ocaso de una tarde cualquiera. Pero a mí no me sucedió nada de eso.
Crecí acostumbrada a mis habilidades, y por tanto, a mis capacidades. Eso me hizo dura y sumamente difícil de comprender. "Esa chica es dura de carácter", es la oración que más veces me repiten aquellos que alguna vez me conocieron. Incluso en el colegio de mi hija es así. Ella, que por fortuna, ha crecido bajo otro sistemas de vivencias y de valores morales, también considera que puedo llegar a ser una "mujer muy fuerte y brava", en ocasiones... Y aunque parezca cursi, estoy convencida a quw todo se debe a la ausencia o sobre exposición al amor. En mi caso, más de lo primero y nada de lo último.
Mi hija es mi antónimo. Como soy madre, me he tomado varios momentos para cambiar la tendencia natural de una vida con limitaciones en el amor. Por y para ella, conceptos como familia, amistad y diversión, son frecuentes y naturales. No pasa un día sin darle un beso en la frente antes de dormir, o un abrazo al regresar del trabajo cada tarde. Cada 15 días, salimos a comer mi novio, ella y yo. Tomamos fotos, reímos y somos una familia pequeña pero poderosa. Cuidamos de nosotros, nos mantenemos felices y propiciamos esa unión. Recuerda lo que dije al inicio de este post, "tenemos la responsabilidad de escoger a nuestra familia". Mantengo esa afirmación, y la honro lo mejor que, humanamente, me es posible.