Están formadas de compuestos siderales,
no delatan sus pestañas
el incendio que se esconde detrás de su despiste,
porque cubren el contorno de su espalda
con algodón refractario.
Tienen la risa del cauce de un río cuando sale de un remanso,
agilizan el verde de los pinos,
se sustraen de la evidencia por el destello de un brillo
que niega con estrépito las estadísticas.
Despiertan esperando las horas, su ritmo
reblandece el círculo infinito y la espiral se concentra
en todas dimensiones. Aceleran
el estío para entrar en el mundo de las hojas perdidas
por el soplo de algún dios sin bautizar.
Amasan el canto de los días y amanece
una rebanada de lengua de mariposa.