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Silencio y Memoria (Cuento Corto)

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Buenas tardes a toda la comunidad de Steemit. Hoy vuelvo con otro de mis cuentos. Espero que sea de su agrado. Para el que me ha leído antes, se dará cuenta que mis cuentos siempre tratan de alguna tragedia.
De antemano, les agradezco sus comentarios.

Silencio y Memoria

Respiro profundo. Mis pulmones se llenan del rocío, del olor a tierra mojada, de la lluvia. Entro en trance observando los majestuosos arboles, los pequeños arbustos y las raíces que sobresalían de la tierra. Me detengo y miro las hojas verdes, gotas de agua sobre ellas y llenas de vida… como lo estuvo ella.


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Los pájaros vuelan, y trinan. Oigo los sonidos de animales silvestres. Desde ardillas hasta ciervos. Las ramas zumban y crujen con el soplar del viento. Viento que pronto se convierte en ventarrón. Los animales buscan refugio, y los pájaros vuelven a sus nidos. Se preparan.

El cielo no es azul celeste. Más bien es una capa gris, como el humo de un cigarrillo, como una acuarela. Manchas entre el blanco y el negro, se convierten en vetas desfiguradas.

Camino entre todo el follaje, la naturaleza misma siendo mi escenario. Siento la lluvia en mi cuerpo, bañándome y lavándome. Mi pecho, cansado, inhala y exhala. Mi mente pensativa, busca entre las memorias del ayer. Las hojas muertas son mi sendero, me indican a donde ir, pero pronto el viento me detiene.

Peleo y doy un paso en su contra, pero es muy fuerte. Pareciera que el castigo divino apenas comienza. Lucho contra mi yo interior, no queriendo aceptar mis pecados y mis errores, mi culpa. Excusándome detrás de las decisiones y actos de los demás.

Intento escapar de los pensamientos absurdos que me ahogan. Intento vaciar mi mente, dejarla completamente en blanco, pero es imposible. Sombras, destellos del ayer, me aturden y me hacen rogar por un momento de paz. Miro al cielo, pero este no me mira, y siento que la lluvia son lágrimas.

Llevo toda la tarde caminando por este bosque, intentando ver más allá de lo que mis ojos podrán ver. Pero siempre miro lo mismo: arboles, ramas, troncos y tierra. Solo que esta vez hay lluvia y la misma resbala en mi cara, y me permite entonces llorar.

Sollozos intermitentes y la figura de una mujer en mi mente. Pienso en su rostro, pálido, tieso. Labios que cerrados ya no pronunciaran te amo. Manos suaves que no acariciaran mi rostro con delicadeza. Ojos, que como el azul del mar, ya no volverán a mirarme. Y entonces me siento morir por dentro.

La lluvia se hace más fuerte y mis manos tiemblan. El deseo de culparla es inevitable, pero la parte irracional de mi cerebro no me deja hacerlo. Culpo al auto, al conductor ebrio, a la carretera húmeda, a mí mismo. Ella no tiene la culpa. Sin embargo, aquí estoy, buscando excusas tontas. Queriendo tenerla de vuelta, abrazándome.

El cielo se hace más oscuro. Veo como los relámpagos alumbran y como los truenos estremecen mi cuerpo débil. Debería tener miedo, pero no lo tengo. El frío se empieza a sentir, se cuela a través de mis venas, congela mis huesos que se mueven sin dirección.


Fuente

Mis manos recogen lágrimas del cielo, mis labios las saborean. Mis pies sienten las espinas, mis piernas son detenidas por las enredaderas, pero yo continuo. Buscando la calma, buscando más silencio del que el bosque me ofrece. Se avecina la tormenta, la siento sobre mí mientras la lluvia fría se cierne en mi cuerpo.

Mi camisa es como una segunda piel, adherida a mí por la lluvia. De blanca marfil al marrón tierra. Mi cabello cae sobre mi frente y lo debo mover para ver hacia donde camino, aunque en realidad no camine a ningún lado en particular. Y siento el dolor otra vez, una presión fuerte que me ahoga, un golpe en mi pecho y un nudo en la garganta que simplemente quiere liberarse.

Entonces grito, grito muy fuerte. Dejando salir mi frustración y mi dolor. Mi pena entera sale, y caigo de rodilla entre las hojas muertas de los arboles. Muertas como lo está ella. Lloro y golpeo la tierra. Mis manos sangran, pero no siento el dolor físico, solo el emocional. Intento recordarla; pelo negro, ojos azules, la piel blanca y suave de su cuerpo, sus labios rosados y su delicada voz. Difícil creer que me había dejado en este mundo terrenal. Yo la amaba, pero ella amaba al acero en su piel, el veneno que recorría sus venas, el paraíso que se formaba en su mente una vez que se encontraba en su sistema.

Pero no era justo. No estuve cuando me necesitó. Y ahora la culpo, y culpo a los demás. Factores causantes del desastre que provoco una acción en cadena alejándola de mi y alejando al hombre ebrio de su familia. Y pienso que es mi culpa, debí cuidarla, pero ya era tarde.

Y ahora me encuentro en este bosque, debajo de una inmensa tormenta, deseando tenerla una vez más. Pidiéndole a mis pies levantarse, e ir tras ella. Sabiendo que al hacerlo, me perdería a mí mismo.

¡Gacias por su lectura!

Silencio y Memoria (Cuento Corto) | Ecency