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Me sorprendió que regresara después de lo que me contó. Vivo al menos. Aunque me alegró que fuera de esa manera. El misticismo de la viuda negra se había acabado para mí. Me sacaste de la ignorancia común al explicarme que las viudas negras no son más que esclavas de la real mente maestra detrás de todos: La Reina. Realmente no entiendo porqué le contó a todo el mundo que la había asesinado cuando en privado me confesó la realidad de lo sucedido. Aquello era nuevo, mi hermano Jakhal: el héroe de Tantar, el “asesino de viudas”. La noche del victorioso retorno de mi hermano hubo una gran fiesta en la ciudad. Nuestra familia tomó la mesa principal y todo el mundo quería acercarse a estrecharle la mano al gran héroe. Era algo digno de ver. Algo digno de envidiar. Pasé de ser el hermano menor a ser: nada. Jakhal estaba ebrio de gloria, nadie recordaba quien fue el jefe de exploradores durante la guerra. Nadie recordaba quien fue el que cazó y amaestró a Draco, el “gran huargo” de Jakhal. Extirpado de la historia, el hombre invisible. Desde esa noche Jakhal salía todas las noches hacia el lago donde vivía la Reina, lo veía partir desde mi ventana. Más bien lo sentía. No sé que nos ha pasado a los dos, nuestro vínculo se ha incrementado, a lo mejor es nuestra sangre impura, pero desde aquel día en que se acostó con la Reina, ninguno de los dos hemos vuelto a ser los mismos. La conexión entre la Reina y mi hermano era casi palpable. Jakhal regresaba cada mañana. Cambiado. Solo hablaba de lo poderoso que se sentí desde esa noche, de las riquezas que podía conseguir, de lo que podían la Reina y él. Bien entrada la noche del sexto día de su llegada, lo sentí salir con Draco. Pude sentir, desde mi ventana, el gruñir del huargo al ser montado. Esa noche el nexo entre mi hermano y la Reina cambió mi vida de pies a cabeza. Pude sentir cada caricia en mi cuerpo, el frío de sus escamas en mi vientre, el calor de su pelo en mis manos y pecho, sentí dolor, placer, alegría y euforia, me venían las sensaciones en oleadas, una mezcla que nunca pensé experimentar. Sentí su llamado.
Desperté.
A la mañana siguiente estaba Jakhal como de costumbre en el comedor. Como si nada hubiera pasado. Habló solo dos palabras conmigo durante su estancia en la mesa, ya me había acostumbrado a comer solo, no habíamos compartido una comida juntos desde el día de su llegada. Durante el día lo busqué por todo Tantar para explicarle lo que me estaba sucediendo. Lo encontré en la casa del gobernador hablando sobre algunos trabajos que tenían para él. Tuve que esperar a que terminara y al salir lo abordé. Le conté todo con lujo de detalles, Jakhal me miraba con los ojos bien atentos a mi relato. Al terminar me puso la mano en el hombro y me dijo fríamente:
-olvídalo todo Khol, por tu bien, haz lo que te ordeno.
Se viró y salió caminando tranquilamente sin mirar atrás. Las siguientes noches fueron más tranquilas, los despertares eran los malos. Siempre el mismo sueño, siempre la misma voz llamándome. Siempre la sensación de alguien en mi cabeza. En uno de los trabajos de mi hermano, el gobernador salió gravemente herido. Un día después falleció. Todos comenzaron a comentar por las calles que el único indicado a ocupar el puesto vacante era Jakhal. Casi desde ese momento comenzaron a dirigirse a él como Gobernador Jakhal. Ya no solo no lo veíamos en el desayuno, a veces pasaban días sin tener noticias de él. Cada día que pasaba ocurrían cambios en Tantar a raíz de la toma de posesión de mi hermano. Cada día que pasaba se me hacían más vívidos mis sueños. No podía más. Tenía que quitármela de la cabeza, estaba seguro que todo el cambio en la voluntad de Jakhal, todas mis visiones eran debido a ella. Tengo que verla- me dije y se lo conté a mi hermano.
-Estás loco –me gritó colérico – te conté la verdad solo porque eres mi hermano, nadie puede verla, solo yo. No sabes de lo que es capaz, de lo que soy capaz, de lo que serían capaz si…
- ¿Si qué? – le pregunté al ver que callaba y se paraba en la ventana pasándose la mano por el pecho. Desesperado.
-Te dije que te olvidaras de ella – me gritó volviéndose de repente hacia mí – te dije que era por tu bien pero no me hiciste caso, ya nada puedo hacer por ti si ellos deciden que… nada puedo hacer si…Nada. No puedo hacer nada así que vete, déjame solo.
Salí por la puerta decidido a no aceptar un no por respuesta. Como cada noche salió Jakhal en busca de la Reina y más atrás salí yo. Jakhal había dejado de utilizar a Draco para sus escapadas nocturnas lo que me hizo más fácil seguirle sin que me descubriera. Llegó al lago con la luna bien alta en el cielo. Dos Freezer salieron a recibirlo congelando el lago, de la misma manera que me lo había descrito. Solo que esta vez en vez de atacarlo ponían sus heladas rodillas en el hielo y bajaban la mirada al pasar mi hermano entre ellos. Regresé sobre mis pasos a la ciudad para que al Jakhal regresar no sospechara nada. Volvería al día siguiente antes que lo hiciera él. Me preparé para todo lo que me había contado que le había sucedido y me dirigí al lago. Al poner el primer pie en el agua todo el lago se congeló y salieron deslizándose los dos Freezer sobre sus cortantes cuchillas. No me costó mucho trabajo matarlos y sacarle sus corazones. Eran incluso más hermosos de lo que me había descrito Jakhal, aún en mis manos seguían emitiendo aquella luz roja. Fría. Me introduje entre las rocas a en el centro del lago y caminé por dentro de los túneles. Con los seres de fuego que custodiaban la entrada a la cámara principal pasé un poco más de trabajo. Eran algo impresionante de ver, forma humanoide por momentos, pura llama y lava conformaban sus cuerpos que se fusionaron en uno solo. Consumiendo poco a poco el oxígeno de la cueva. Sabiendo que hacer con ellos realicé una maniobra evasiva, le gané la espalda y le enterré los corazones de los Freezer para de esa manera eliminarlo. Entré a la cámara principal donde estaba ella. Sentada en la matriz de sus huevos me mira firmemente, desafiante. Indefensa. Al dar el primer paso hacia ella lanza un grito tal que me desorientó por segundos. El vello de su cuerpo se encendió reflejando una luz intensa hacia mis ojos, evitando que viera como desde los hoyos de las paredes salían las conocidas viudas negras y caminaban hacia mí. Como pude me libré de las que más cerca tenía y a filo de espada salí como pude. Sin mirar atrás. Corrí hacia Tantar como quien le huye a la muerte. Corrí para hablar con mi hermano sobre lo sucedido. Corrí y cuando abrí las puertas de su oficina ya se había marchado. Pasaron días sin verlo, sin que regresara a la ciudad. A la semana de su ausencia regresé al lago con la esperanza de verlo allí. Nunca me esperé lo que me esperaba en la orilla del lago. Allí estaba mi hermano sobre Draco con espada en mano. Sin pronunciar palabras corrió hacia mí. Colérico, las venas de su cuello a punto de reventar. Me atacó con la misma furia con que se ataca a un enemigo jurado. Solo pude defenderme. Draco aprovechó y atacó a mi montura al mismo tiempo, dejándome a pie en tierra, en total desventaja. Eran dos atacantes contra mí. La sencilla espada con la que defendí no me iba a ser muy útil de manera que utilicé mis dos gladios, armas en la que destacaba por su buen manejo. No podía atacar a Jakhal de la misma manera que lo hacía él. Seguía siendo mi hermano. “A la familia no se le da la espalda, aún cuando ella lo haga”, eso es lo que me habían enseñado desde niño. A él no lo podía atacar con todas mis fuerzas, pero a Draco sí. Finté descubriendo un flanco con la esperanza que me atacara. Así lo hizo. De un solo golpe hice rodar su cabeza por la hierba. Al ver Draco sangrando en el suelo, decapitado, lanzó un grito al cielo y cayó de rodillas abrazando el cuerpo decapitado de su antiguo compañero de aventuras. Aproveché ese momento y me lancé en desbocada carrera camino a Tantar. Aún no sé que fue lo que lo detuvo. No sé cuando lo hizo. Lo único que sé es que llegué a la ciudad rompiendo el alba. Entré a mi casa. Me bañé y comí algo. No podía dormir, las imágenes de lo que antes era mi hermano seguían persiguiéndome por toda la habitación. Me acosté en la cama con la loca idea de conciliar el sueño y lo único que conseguí fue sudar toda la ropa y sábanas. Cuando aún estaba adormilado, un grupo de guardias entraron a la habitación, me agarraron y metieron en un calabozo sin explicación alguna. No podía decir con seguridad cuán grande era mi celda de la oscuridad que me rodeaba. Al cabo del tiempo aparece una luz al final del pasillo al acercarse descubro tras de la misma mi hermano.
Khol, de la casa Mcroen, ha sido condenado al destierro por traición a la gran ciudad de Tantar. Con efecto inmediato – lo dijo sin siquiera pestañar y se marchó dejándome nuevamente en tinieblas.
No tuve palabras para defenderme. Tampoco tenía nada de que defenderme ni ante quien hacerlo si fuera el caso. Al alba me dejaron en las puertas de la ciudad y las cerraron tras mí, un par de arqueros se apostaron en las murallas apuntándome para que no intentara regresar. Como si fuera una plaga de ratones.
Eché a andar sin mirar atrás, siguiendo el camino a ver a donde me llevaba. Caminé durante días bajo todo tipo de clima hasta llegar a la ciudad de Ambardía. Me establecí como cazador de bestias aprovechando todos los conocimientos que había adquirido durante la guerra. Pasaron meses en los que mis pesadillas no cesaron, todo lo contrario. Hubo noches en las que no podía conciliar el sueño. El único día que pude cerrar los ojos tuve un sueño diferente a los hasta ahora soñados. Soñé con un camino entre dos árboles enlazados. Una pendiente, un barranco. Un lago. En el lago… una sombra. Desperté a la mañana siguiente con los gritos que me llegaban de la calle. La ciudad estaba revuelta por un rebaño entero desaparecido, en un asentamiento de criadores de ovejas en los límites de Ambardía. Antes que me tocaran la puerta ya estaba listo para salir. Nada más llegar a donde desaparecieron las ovejas lo reconocí. Era el mismo lugar de mi sueño, todo tenía sentido entonces. El rebaño desaparecido, los agujeros en el suelo de las viudas negras. El mensaje en mi sueño. Seguí el sendero entre los árboles enlazados. Me dejé caer por la pendiente y escalé el barranco para llegar al lago. Introduje mi pie en el agua esperando a los Freezer. Para mi sorpresa, no hubo otro cambio en la superficie del lago que no fueran las ondas creadas por mí. Poco a poco fui entrando tomando todas las precauciones posibles. En un impulso de adrenalina eché a nadar como un loco hasta llegar al cúmulo de rocas en el centro del lago. Descubrí la entrada. Caminé por los túneles sin encontrar resistencia alguna. Entré a la cámara principal y allí estaba ella. Sentada en un trono de piedra. Hermosa. En las paredes de la cueva se veían huevos al igual que la de Tantar. Los pies del trono estaban los dos Freezer sentados tranquilamente, y en ambas esquinas, detrás del trono habían encendidas dos hogueras que debían ser otras criaturas de lava y fuego.
Acércate – me ordenó
Sin pensarlo dos veces obedecí su orden. Se levantó y caminó hacia mí. Con ambos brazos me levantó y me besó. Fue la noche más intensa de toda mi vida. Luego de hacer el amor me quedé dormido como niño recién nacido. Al despertar volvimos lo volvimos a hacer. Era hermoso ver como se le encendía su cabello, de un fuego que no consumía oxígeno. Las escamas heladas de su pubis humedecían su sexo haciendo todo el trabajo más fácil y placentero. En los días que pasé con ella me contó de su especie, de la creación de los Freezer y los Blastd que eran como se llamaban aquellas criaturas de fuego. Del peligro que corrieron miles de años atrás cuando aún gobernaban el mundo. Me contó sobre su poder para controlar todas las especies animales excepto a mi especie, por la que fue cazada casi hasta ser dada por exterminada. Un día ella me ofrece transmitirme su poder. Me ofreció ser su rey y juntos gobernar el mundo. Me ofreció la luna y las estrellas. Me gustó tanto lo que me ofrecía que me asustó y salí corriendo. Huí hasta la ribera del lago donde me acosté a pensar, pero por más que lo intentaba en mi mente solo estaba ella, sentía su voz sonando dentro de mi cabeza. Aún sin haber tomado una decisión regresé al lecho. Ella sabía que lo haría, me agarró por el brazo y me guió a la sombra. Hicimos el amor como no lo habíamos hecho nunca. Al llegar al éxtasis gritó, acercó su rostro al mío y con un susurro destruyó ese mundo: “Mi Rey”. A la mente me vino un torrente de imágenes, en lo que se había convertido mi hermano, los años de guerra en Tantar, todos los que habían desaparecido y dados por muertos y por último: el rostro encendido de aquella Reina. Estiré mi mano hacia mi ropa, tanteé entre las mismas y encontré lo que buscaba. Hundí mi daga por debajo de sus costillas, aún estando dentro de ella. Poco a poco su vello se fue apagando, su cabello calló sobre el lecho. Su sangre era extraordinaria, de un azul cielo con reflejos metálicos a la luz. Brillaba pegada sobre a mi piel. Solo fue un lamido al inicio, luego, desesperado comencé a beberla toda. Desde fuera de la habitación se sentían los gritos de los Freezer y la claridad de los Blastd avanzando hacia mí. Aún desnudo agarré mi espada y me paré sobre su cadáver inerte. Vacío. Entraron todos al unísono. Mi corazón casi se detuvo al verme rodeado. Ellos se me acercaron, bajando la cabeza ante mí.
Volví a Tantar con la idea de recuperar mi vida pasado, con la loca idea de recuperar a mi hermano. Divisé la nube de humo desde la distancia. Dos dragones volaban en círculos sobre la ciudad. Las manchas de sangre aún se veían en el camino de piedra que me llevaba a mi hogar. Varié mi curso y me dirigí al lago donde habitaba la Reina de Jakhal. El nido estaba vacío y por lo visto lo había estado desde hacía tiempo. Me inventé un disfraz y un nombre y me dirigí nuevamente a la ciudad. Todo era caos. Ese era el poder del que hablaba la Reina. Ese era el poder que ejercía sobre mi hermano. Ese era el poder que había regido sobre la tierra miles de años antes. Me resultó imposible acercarme a mi antigua casa. Tu actual morada y desde donde dominabas todo y a todos… bueno, a casi todos. Las calles estaban llenas de orcos, ogros y los dragones tapaban el sol encima de mí. Los habitantes de Tantar que habían sobrevivido a la ocupación habían huido al bosque u otras ciudades, y yo que pensaba mezclarme entre la gente tuve que esconderme y regresar por donde había venido. Sé que me sintió. Yo lo hice. Lo vi prado en el balcón que daba a la calle, fue difícil reconocerlo, pero era él. Nuestro nexo no se había roto, todo lo contrario. Sentí como si me hubiera dicho al oído: “huye hermanito, huye”. Y fue lo que hice. Regresé a mi campamento.
Todo es un caos, todo lo ha destruido ese imbécil.
Que desea hacer “mi rey”.
¿Aún quedan dos Reinas más, no es así?
Sí, mi señor.
Vamos a buscarlas.
Y con esa determinación, espada a la espalda, partí rumbo Zeleeh. Bajo el suelo que pisaba estaban mis viudas negras, tras de mí, cuatro sujetos, dos fríos, dos caliente. Y en el horizonte: mi hogar. Volvería teniendo el poder de otras dos Reinas.
Juré que iba a derrocar al Rey.