Primera parte de cuatro sobre la DANA del 29 de octubre de 2024. Esta trata de la información: quién la tenía, cuánto tardó en salir y qué llegó a la gente.
A las 17:25 del 29 de octubre de 2024, el barranco del Poyo llevaba más de 150 metros cúbicos por segundo a su paso por Torrent. Ese número no es una estimación posterior ni el cálculo de nadie: era una cifra que en ese momento se estaba pintando en una pantalla, dentro de una sala, en tiempo real.
El correo que avisaba de esa crecida salió a las 18:43. El mensaje a los móviles de la provincia llegó a las 20:11.
Entre la primera hora y la última hay dos horas y cuarenta y seis minutos, y en ese intervalo el caudal del barranco se multiplicó por más de diez. La catástrofe de Valencia no empieza con un fallo de predicción. Empieza con un dato que existía y que tardó casi tres horas en convertirse en un aviso.
Un apunte antes de seguir. En este blog ya se trató la DANA de 2024 desde otro ángulo, el de la causa del fenómeno, en ¿Quién controla el clima?. Esta serie no vuelve sobre eso. Aquí no se discute de dónde salió el agua, sino qué se hizo y qué no se hizo mientras caía y después de caer. Son dos preguntas distintas y la segunda se puede responder con documentos.
La Confederación Hidrográfica del Júcar tiene un Sistema Automático de Información Hidrológica, el SAIH, que mide en continuo el caudal de ríos y barrancos. No es un invento reciente ni un lujo: es la herramienta que existe precisamente para esto.
Su protocolo para el barranco del Poyo fija tres umbrales de aviso por escrito al centro de emergencias: 30 metros cúbicos por segundo, 70 y 150. Superado cualquiera de ellos, sale un correo.
Lo que ocurrió aquel día, según la reconstrucción de la cronología de esos correos que publicó El Español a partir de la documentación remitida por la propia Confederación, fue esto:
En esa hora y media larga, entre las 17:25 y las 18:43, los umbrales se rebasaron una y otra vez sin que saliera el correo que el protocolo exige. Quince veces, según ese recuento.
El detalle técnico que explica el hueco es que los avisos de caudal no son automáticos. A diferencia de los datos de lluvia, que se envían solos, la alerta de un cauce requiere que un técnico la valide a mano antes de mandarla. Hay una persona en medio. Y esa hora y dieciocho minutos son el tiempo que tardó esa persona en apretar el botón.
Dicho en castellano llano: mientras la gente de Paiporta, Catarroja, Massanassa y Picanya bajaba al garaje a mover el coche, el organismo que sabía lo que venía estaba enviando correos sobre descensos de caudal y luego se quedó callado dos horas y media.
Conviene entender la escala de lo que ese aforo estaba viendo, porque no era una crecida más.
A las 16:00 el barranco iba prácticamente seco, por debajo de los 50 metros cúbicos por segundo. A las 18:00 marcaba 1.725,89. El último dato que llegó a registrarse fue de 2.282,90, y ahí se acaba la línea: el informe de la propia Confederación dice que el sensor midió hasta las 18:55, «momento en el cual el sensor dejó de registrar datos debido a los daños ocasionados a causa de la avenida».
Esto es lo que había en la pantalla, tal como lo publicó la propia Confederación en su informe del episodio. La subida empieza a las 17:30 y la línea se corta a las 18:55, cuando la avenida destruyó el sensor. El correo de aviso salió a las 18:43, con la curva ya vertical
Merece la pena mirar la forma de esa curva un momento, porque desmonta sola la excusa de que aquello fue imprevisible. Es plana durante horas. Y luego no sube: se pone de pie. En poco más de una hora el caudal se multiplica por más de cuarenta. Cualquiera que estuviera mirando esa pantalla a las seis de la tarde estaba viendo la cosa más alarmante que se puede ver en un aforo.
Y ni siquiera eso fue el máximo, porque el aparato dejó de poder medirlo. Un equipo del Instituto Cavanilles de la Universitat de València reconstruyó después el pico real por el método empírico de campo: midieron la marca que dejó el agua, calcularon la sección mojada en veinticinco puntos y estimaron la velocidad media. El resultado, publicado en la revista Water en 2025, es de 5.678 metros cúbicos por segundo a la altura de Torrent. Dos piscinas olímpicas cada segundo.
Ese mismo trabajo explica por qué se inundó lo que se inundó. La sección por la que cabía el agua era de 2.271 metros cuadrados en la confluencia con el barranco de l’Horteta y se estrechaba, a lo largo de diez kilómetros, hasta 205 metros cuadrados cerca de Massanassa. Un embudo. El agua no se desbordó por capricho: se desbordó donde el cauce dejaba de caber en sí mismo, que es exactamente el tramo donde están los pueblos que contaron los muertos.
Que el aforo se saturara y no registrara el pico es normal en un episodio así, y no se lo reprocho a nadie. Lo que importa es otra cosa: para saber que aquello era una catástrofe no hacía falta el dato bueno. Bastaba con el malo.
Hay un detalle de la instrucción judicial que se ha citado poco y que dice mucho sobre cómo funcionó aquello.
Una operadora del SAIH declaró ante la jueza que aquella tarde mandó el correo de las 18:43 avisando de la crecida súbita y de que se habían superado los umbrales de seguridad, y que ningún organismo llamó para pedir que se lo interpretaran.
Es decir: el aviso, cuando por fin salió, cayó en una bandeja de entrada y ahí se quedó. Nadie al otro lado cogió el teléfono para preguntar qué significaba 1.687 metros cúbicos por segundo en un barranco que atraviesa una comarca con cientos de miles de habitantes.
Aquí empieza el reparto de culpas que dura ya casi dos años. La Generalitat sostiene que la Confederación es la única entidad con la obligación y la competencia de avisar del riesgo de desbordamiento de los barrancos. La Confederación responde que su trabajo es medir y comunicar, y que decidir qué se hace con esa medición es de protección civil, que es autonómica. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y ese es justamente el problema: un sistema en el que la información viaja de un organismo a otro sin que ninguno tenga el deber de actuar es un sistema que puede funcionar perfectamente y no salvar a nadie.
El primer aviso automático a los teléfonos de la provincia de Valencia, el ES-Alert, se envió a las 20:11. Para entonces el agua llevaba horas en los pueblos.
Y el contenido del mensaje añade algo peor que la hora. La entonces jefa de Protección Civil del Ayuntamiento de València declaró ante la jueza que en la reunión del CECOPI se había hablado de que el mensaje pidiera a la gente subir a las plantas altas, y que eso era para ella lo más relevante. El texto que salió no lo decía. Se limitaba a pedir que se evitaran los desplazamientos. Su frase, recogida en su declaración, fue: «No me pareció que fuera lo que habíamos hablado».
La diferencia entre las dos redacciones no es de estilo. «Evite desplazamientos» le dice a alguien que se quede donde está. «Suba a una planta alta» le dice a alguien que salga del bajo o del garaje.
Y no es una objeción de andar por casa. Es lo que subrayó la propia jueza instructora al describir el perfil de las víctimas: personas de avanzada edad que murieron en las plantas bajas de sus propios domicilios, y gente que estaba en la calle o que había bajado al garaje a sacar el coche. Es decir, exactamente las dos situaciones que la frase que se cayó del mensaje habría corregido.
El juzgado llegó a requerir al gobierno valenciano que dijera, con nombre y apellidos y en un plazo de cinco días, quién decidió enviar la alerta a esa hora y con ese texto. Que haya que preguntarlo por vía judicial, meses después, dice bastante sobre cómo se tomó.
Los registros del SAIH son públicos y se consultan en la web de la Confederación. Los del Poyo del 29 de octubre estuvieron accesibles hasta el domingo siguiente. El lunes y buena parte del martes, no. Reaparecieron el martes 5 de noviembre, pasadas las cinco de la tarde.
La explicación oficial fue que los datos no estaban disponibles por la rotura de los aparatos de medida durante la riada. La objeción es evidente y la puso la Generalitat: los aparatos se rompieron durante el episodio, de acuerdo, pero los datos anteriores a la rotura ya estaban registrados y no tenían por qué desaparecer con ellos. De hecho volvieron.
No voy a afirmar que alguien los borrara para ocultar nada, porque no tengo cómo probarlo y no hace falta. Lo que sí se puede decir sin adornos es que la serie de datos que documenta el momento exacto en que se supo que aquello era una catástrofe estuvo fuera de la vista pública justo los tres días en que todo el país preguntaba quién sabía qué y cuándo.
Aquí hay que ser especialmente cuidadoso, porque es donde más se ha escrito y donde peor se sostiene buena parte de lo que se ha escrito.
La versión que más ha circulado dice que en Forata se abrieron las compuertas de golpe con el embalse lleno, provocando una ola aguas abajo. Se apoya en dos cifras reales: entraban unos 2.000 metros cúbicos por segundo y salían unos 1.000.
Y las dos cifras son correctas. Lo que hay que explicar es qué significan, porque ahí es donde la sospecha se desvía.
Empecemos por lo primero: sí, el agua salió de Forata, y salió a propósito. Eso es verdad y no lo discute nadie. Lo que hay que añadir es que era lo que había que hacer.
Una presa no es un tapón. No está para retener toda el agua que le llegue, entre otras cosas porque no puede: si con una avenida entrando se dejan las compuertas cerradas, el embalse se llena, el agua acaba pasando por encima del muro y la estructura puede ceder. Y cuando cede una presa no bajan 1.000 metros cúbicos por segundo. Baja el embalse entero de una vez, sin control y sin horario.
Por eso lo que dice el informe que la Confederación remitió a la jueza, cuando esta le preguntó expresamente si se abrieron las compuertas de Forata el día 29, es más aburrido de lo que parece: las compuertas del aliviadero estaban abiertas ya al inicio del episodio y permanecieron así todo el tiempo, sin usar ninguna otra estructura de desagüe. Estaban abiertas precisamente para que, al alcanzar el agua el umbral del aliviadero, el vertido se produjera solo. Empezó a las 17:34. Nadie giró una llave en mitad de la tarde.
Y con eso las cifras se leen solas. Si entran 2.000 y salen 1.000, la presa no está soltando una ola: está reteniendo la mitad. Eso tiene nombre técnico, se llama laminar una avenida, y es para lo que sirve una presa. Forata hizo su trabajo.
Y no hace falta creerme a mí ni a la prensa, porque los números exactos están en el informe del episodio que publicó la propia Confederación, el mismo del que sale el hidrograma de arriba:
Mire las horas, que es lo que zanja el asunto. El pico de salida llega dos horas y cuarto después del pico de entrada, y es la mitad de grande. Una presa que suelta una ola hace justo lo contrario: saca de golpe lo que le entra, a la vez y con la misma fuerza. Forata recortó el pico a la mitad y lo retrasó dos horas y cuarto, que es la definición de libro de laminar una avenida. Y se tragó treinta hectómetros cúbicos que si no habrían bajado por el Magro.
Por si queda duda de lo apurado que fue: el embalse pasó de 5,46 hectómetros cúbicos a las 8:30 de la mañana a 39,46 a las nueve de la noche. Se llenó en doce horas. Su capacidad total son 37,34, así que a última hora del día iba por encima de su capacidad. De ahí vino la alerta por riesgo de rotura de aquella noche, que fue real.
Entonces, ¿por qué sigue circulando lo contrario, dos años después?
Porque quien no ha tenido por qué aprender cómo funciona un aliviadero oye «abrieron las presas mientras la gente se ahogaba» y llega a la única conclusión a la que puede llegar. No es mala fe: es que la frase, dicha así, suena a que alguien decidió soltarles el agua encima. La sospecha es razonable y apunta a algo real. Lo que pasa es que apunta al sitio equivocado.
Porque hay una segunda parte de esa historia que casi nunca se cuenta, y es la que sí aguanta.
A las 16:55, la Confederación mandó un correo al Centro de Coordinación de Emergencias avisando de que por el río Magro iban a bajar caudales superiores a 1.000 metros cúbicos por segundo procedentes de los aliviaderos de Forata. A las cinco menos cinco de la tarde, la administración competente lo sabía, por escrito y con la cifra.
A los vecinos de aguas abajo no les llegó nada. Y no es una deducción mía: la propia Confederación ha asumido que desaguó los embalses sin comunicarlo previamente a la población afectada.
Ahí está el reproche, y es el mismo que atraviesa todo este artículo. Soltar el agua era obligatorio. Decirlo también lo era, y no costaba nada. Una maniobra hidráulica correcta y un aviso que no llega no se compensan: la primera salva la presa y el segundo es lo que salva a la gente que vive debajo.
Y este es ya el tercer sitio del mismo día donde ocurre exactamente lo mismo. El caudal del Poyo estaba medido y tardó una hora y dieciocho minutos en salir en un correo. El correo llegó y nadie preguntó qué significaba. El desembalse se comunicó a las 16:55 y no bajó de ahí. En los tres casos la información técnica funcionó y la transmisión a las personas se cortó en el mismo punto.
Una vez es un despiste. Tres veces el mismo día, en tres organismos distintos, ya no sé cómo se llama eso, y de momento no le voy a poner nombre: los cuatro artículos de esta serie van, entre otras cosas, a reunir lo que hace falta para poder ponérselo.
Queda además un agujero que no es de interpretación, sino documental.
De Forata hay datos horarios de entrada y salida. De Loriguilla, Buseo y Benagéber no existe ese mismo detalle publicado. Del embalse de Buseo, además, consta que el sensor del SAIH dejó de funcionar a las 00:00 del 30 de octubre; y como la presa es de titularidad de la Generalitat, la Confederación remite a esa administración para los datos oficiales. O sea que la única presa sobre la que se puede discutir con números en la mano es justo la única de la que se dieron números.
Eso no prueba nada por sí solo. Pero es lo que hay que pedir, y es una petición concreta que cualquiera puede hacer: los caudales horarios de entrada y salida de Loriguilla, Buseo y Benagéber del 28 al 31 de octubre de 2024, con el mismo detalle que se aportó de Forata. Mientras eso no esté encima de la mesa, la pregunta sigue abierta, y sigue abierta por omisión de quien tiene los datos, no por conjetura de quien los reclama.
Sobre quién gestiona el agua en España, con qué criterios y con qué grado de opacidad, escribí hace unas semanas en La sequía es una decisión. Es la misma clase de organismo y la misma clase de silencio.
Todo lo anterior podría leerse como la descripción de un sistema que, sencillamente, no da para más. Que avisar a tiempo era imposible.
No lo era, y hay una prueba a cincuenta kilómetros.
En Requena, la riada entró antes que en la comarca sur. La entonces alcaldesa declaró ante la jueza que en el municipio no hubo muertos ni heridos «porque se avisó a la población». La cronología que dio es de una banalidad demoledora: la noche anterior ya había preocupación por la lluvia que venía, sobre las cuatro de la madrugada se planteó suspender las clases, a las 6:53 se llamó a inspección educativa y a las empresas de transporte, y a las 7:52 de la mañana el ayuntamiento sacó un bando informando de la suspensión y dando recomendaciones a los vecinos.
A las 7:52 de la mañana. Doce horas antes del correo de las 18:43. Trece antes del mensaje a los móviles.
No hizo falta un satélite, ni un modelo meteorológico, ni una competencia que nadie quisiera asumir. Hizo falta un ayuntamiento pequeño que leyó el aviso de la AEMET, decidió que era suficiente y avisó. En Utiel, al lado, murieron seis vecinos.
El 29 de octubre de 2024 la información existió. Estuvo en una pantalla del SAIH desde primera hora de la tarde, con umbrales definidos de antemano y un protocolo escrito que decía qué hacer al superarlos.
Lo que falló no fue saber. Fue que ese dato tardó una hora y dieciocho minutos en salir de la sala, que al llegar no encontró a nadie que preguntara qué significaba, que a las 16:55 se avisó por escrito de un desembalse de más de mil metros cúbicos por segundo y ese aviso no bajó hasta los pueblos, que a las 20:11 el mensaje que sí llegó decía lo contrario de lo acordado, y que después la serie de datos desapareció de la web pública durante tres días.
Ninguna de esas cinco cosas es un problema de medios. Las cinco son el mismo problema: había quien lo sabía y no había quien lo contara.
A las 20:11, cuando por fin sonaron los teléfonos, el agua llevaba horas dentro de las casas.
Y mientras sonaban, en los cuarteles de la propia Valencia y a pocas horas de carretera en los de Alicante y Zaragoza, había helicópteros, vehículos anfibios capaces de moverse por esa agua, puentes modulares, grúas, hospitales de campaña y decenas de miles de personas entrenadas para exactamente esto.
Casi nada de eso se movió aquella noche. Ni al día siguiente.
La segunda parte de esta serie va de por qué.
Cronología de los correos de la Confederación Hidrográfica del Júcar el 29 de octubre, con los umbrales del protocolo y los avisos omitidos entre las 17:25 y las 18:43:
https://www.elespanol.com/espana/20241115/confederacion-jucar-omitio-veces-alerta-escrito-exige-protocolo-hora-media-clave-crecida-barranco-poyo/901160319_0.html
Desaparición y reaparición de los datos de caudal del barranco del Poyo en la web de la Confederación, con la cifra de 1.725,89 metros cúbicos por segundo a las 18:00:
https://www.elespanol.com/espana/20241105/ms-hora-borran-datos-caudal-barranco-poyo-web-confederacion-jucar/898910545_0.html
Declaración de la operadora del SAIH ante la jueza: envió el aviso a las 18:43 y ningún organismo llamó para pedir interpretación del dato:
https://actualidadvalencia.com/operadora-saih-declara-nadie-llamo-interpretar-crecida-subita-barranco-poyo/
Estudio del Instituto Cavanilles de la Universitat de València con el caudal punta reconstruido del Poyo en Torrent (5.678 m³/s) y el estrechamiento del cauce hasta Massanassa, publicado en la revista Water en 2025:
https://www.uv.es/uvweb/uv-noticias/es/noticias/caudal-maximo-del-poyo-torrent-equivalio-dos-piscinas-olimpicas-segundo-dana-estrechamientos-aguas-abajo-lo-desbordaron
Declaración de la jefa de Protección Civil del Ayuntamiento de València sobre el contenido del ES-Alert y lo acordado en el CECOPI:
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jefa-proteccion-civil-valencia-alert-no-parecio-fuera-habiamos-hablado_1_13170898.html
Informe de la Confederación Hidrográfica del Júcar a la jueza sobre las compuertas del aliviadero de Forata, el inicio del vertido a las 17:34 y los caudales de entrada y salida:
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/confederacion-jucar-tumba-jueza-bulo-extrema-derecha-apertura-presas-durante-dana_1_12064426.html
La Confederación Hidrográfica del Júcar asume que desaguó los embalses sin comunicarlo previamente a la población afectada, y correo de las 16:55 al Centro de Coordinación de Emergencias anunciando más de 1.000 m³/s por el río Magro desde los aliviaderos de Forata:
https://www.eldiarioalerta.com/articulo/comunidad-valenciana/chj-asume-que-desaguo-embalses-valencia-comunicarlo-previamente-poblacion-afectada/20250118211843549328.html
Posición de la Generalitat Valenciana sobre a quién corresponde avisar del riesgo de desbordamiento de los barrancos:
https://comunica.gva.es/es/detalle?id=387770485&site=373410423
Declaración de la entonces alcaldesa de Requena ante la jueza, con la cronología del bando municipal de las 7:52:
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/exalcaldesa-pp-jueza-dana-requena-no-hubo-muertos-heridos-aviso-poblacion_1_13228647.html
Resolución de la jueza instructora sobre el «altísimo riesgo» del que no se avisó y el perfil de las víctimas, y requerimiento al gobierno valenciano para que diga quién decidió el envío de la alerta:
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jueza-dana-subraya-altisimo-riesgo-victimas-mazon-no-aviso_1_12032828.html
Datos en abierto del Sistema Automático de Información Hidrológica de la Confederación Hidrográfica del Júcar, donde se consultan los caudales y el estado de los embalses:
https://saih.chj.es/
Informe de episodio de la Confederación Hidrográfica del Júcar (memoria redactada por la UTE SAIH-Júcar, fechada el 15 de enero de 2025). Es la fuente primaria de este artículo: de ahí salen el hidrograma de la rambla del Poyo, la hora exacta en que se perdió el sensor y los caudales y volúmenes del embalse de Forata. La dirección original ya no responde (error 404, comprobado el 21 de agosto de 2026) y el documento solo se conserva en el archivo de Internet Archive:
https://web.archive.org/web/20250417023500/https://saih.chj.es/chj/informes/20241029-1104Informe-Episodio-C-version2.pdf?i=555
El material de partida procede del trabajo de documentación de Galo Dabouza, oficial de la Unidad Militar de Emergencias en la reserva, y de los testimonios que recopiló durante aquellas semanas. Las horas, los caudales y las citas de este artículo están comprobados contra hemeroteca, declaraciones judiciales, el informe de la Confederación Hidrográfica del Júcar y el estudio de la Universitat de València. Donde el material de origen no coincidía con lo que dicen esos documentos lo he dicho expresamente, y el caso de las compuertas de Forata es el ejemplo.
Publicado originalmente en skunk1.blog.