Dicen que el que realmente sabe mentir es también el que se ve más sincero...
Los ojos perdidos en el horizonte, Jaime no perdió el cabello de oquis, siempre era el primero que llegaba a trabajar y el último que se iba. Sin embargo no parecía irle de acuerdo a su esfuerzo, todo mundo se aprovechaba de el, ayudaba a todo mundo antes de hacer su trabajo y al final, tenía que quedarse siempre para acabarlo.
Sus compañeros murmuraban a sus espaldas. Era un tonto especial, de esos que puedes manipular, pero que también tienen muchas habilidades
Pedro no supo cómo pasó todo, de pronto un click, luego la explosión y luego los cuerpos de todos tirados en el suelo, de pronto el olor a azufre y los diminutos zapatos de Jaime acercándose.
-Jaime, ayúdame-
Exclamó Pedro ahogadose en su propia sangre. La mirada de Jaime era diferente, siniestra, loca y perdida..
Cuando la policía llegó a ver la escena del crimen, Jaime no dejaba de estorbar.
-Idiota, no toques eso-
Inmediatamente soltó el cable que traía en la mano.
-Cuantos de esos cables has tocado?-
-Todos estos. Los acomode para que estuvieran parejitos-
Las huellas dactilares de Jaime estaban por todas partes, pero nadie nunca sospechó de el, después de todo era Jaime.
Historia corta y pintura