El dilema de Anacleto

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La casa de los Popocha era bastante grande comparada con las demás. Tenía un jardín central alrededor del cual se acomodaban diez habitaciones en la planta inferior y varias oficinas en la segunda planta. En la parte de enfrente tenía un enorme salón de doble alto dónde la familia solía hacer sus banquetes, pero casi siempre comían por separado en un pequeño comedor cerca de la cocina. A un lado de las jardineras había un pasillo de cuatro metros de ancho que daba hasta el gran jardín trasero donde abundaban los naranjos y otros árboles frutales. Desde el balcón que baba por un lado al jardín central, la pequeña Alegría Ligeria observaba como su hermana Casta discutía a diario con su novio Anacleto.

-No quiero volver a hablar de ese tema, desde el principio quedamos en que seríamos novios solamente de manitas, nada de besos y por supuesto nada de sexo-

-Eso es ridículo, ya llevamos diez años de novios y aún no conozco el sabor de tus labios. Además me la paso trabajando para llevarte a dónde quieras, si esto fuera un matrimonio, sería muy disparejo-

-Pues hazle como quieras. Yo le prometí a mi abuelita mantenerme casta toda la vida sin importar que me amen-

-Yo pensé que era broma, es algo descabellado. Entonces no te estabas guardando para después de casarnos-

-Nada de eso, por eso acepté tu amor platonico porque prometiste jamás tocarme-

-Es tan raro lo que pides que cualquiera pensaría que es broma-

-Un verdadero hombre es capaz de vivir perfectamente sin sexo, si tú no eres ese hombre, es mejor que terminemos de una vez-

Anacleto se dió por vencido, al parecer el amor de su vida tenía ideas muy diferentes a la suya, simplemente no podía creer que había perdido diez años de su vida con alguien así. Estaba que hervía de cólera, pero entonces la suave voz de Alegría Ligeria lo sacó de su trance depresivo.

-Anacleto, acá en la ventanita, voltea menso-

-Señorita Alegría que vergüenza, otra vez nos halló discutiendo-

-Si, si, como sea, tengo una idea. Cómo tú sabes mañana cumplo dieciocho, porque no vienes mañana a las ocho al comedor pequeño para explicarte-

El dilema de Anacleto | Ecency