María Elena ajusta su cinturón mientras tristemente observa la alacena. De no ser por un poco de chorizo y un par de huevos no habría nada para comer.
En la sala, su hija de cinco años juega a qué es la princesa de un reino lejano donde la nieve nunca ha caído y la lluvia apenas se asoma. Para ella la miseria no existe, la gente de su pueblo es fraternal con sus semejantes, ellos todo lo comparten y felices saludan a su princesa vestida de harapos.
-Queridos amigos- le dice a sus súbditos imaginarios.
-La Navidad ha llegado a nuestras tierras, sean todos bienvenidos al palacio a disfrutar de las fiestas-
Las horas transcurren entre juegos y risas. Los colores, brillantes y festivos que imagina contrastan con su gris habitación iluminada solo por la luz del farol de la calle que entra por la ventana.
-Que hermosa es la luz de mi farol, me parece la luna llena iluminando el castillo de una hermosa princesa-
En eso el olor del huevo con chorizo la saca de su trance infantil, las tripas ya empezaban a reclamarle algo de comida, por lo pronto es hora de cenar y hay algo sobre la mesa, mañana Dios dirá...
Historia corta y pintura