Deambularon de un pueblo a otro, trabajando en cafeterías hasta que consiguieron algo de dinero para alejarse de aquellos parajes. Sara cumplió los 10 años y aún sin escolarizar, seguía los pasos de su madre. Aguardaba sentada en el suelo, al lado de su cama todos los días.
En sus horas de soledad, en aquel polvoriento motel, había un televisor y después de dos años, se atrevió a usarlo a escondidas de su madre. Teniendo en cuenta de apagarlo una hora antes de que ella volviera de su trabajo.
Un día tuvo que hacer turno de noche y la niña tenía miedo de dormirse sola, en aquella habitación donde las paredes era de papel, donde se escuchaban peleas y reconciliaciones de parejas, que pasaban la noche ocasionalmente.
Así que encendió el televisor para amortiguar aquellos ruidos tan desagradables para una niña de esa edad. Estaban emitiendo un programa de parapsicología, dedicado a la telequinesia y a Sara, le pareció divertido ver cómo los objetos se movían, sin que nadie los tocará.
Observaba con mucha atención, a cada gesto y movimiento de manos que realizaba el protagonista de aquel programa. Cogió un bolígrafo que había en la mesilla de noche e intentaba moverlo, siendo inútil su esfuerzo. Pero con tantas horas muertas en aquella habitación tampoco tenía otra cosas que hacer.
Por fin, su madre consiguió dinero suficiente para poderla escolarizar en el próximo semestre, con casi once años, apenas sabía leer y escribir. Los niños de su clase, se reían de ella por sus vestimentas anticuadas y por no estar a su nivel, en los estudios. Sara quería aprender a leer, saber más sobre la telequinesia y solo había un lugar donde podría encontrar la información que ella necesitaba saber, en la biblioteca del pueblo.
Buscó entre libros y libros, sin hallar el que ella quería. Cuando una bibliotecaria se le acercó y le preguntó: ¿Te puedo ayudar, si me dices qué libro estás buscando?No sabía si iba a ser un pecado, decirle lo que estaba buscando. Pero pudo más su curiosidad. Estoy buscando un libro de telequinesia -respondió, con la mirada pegada al suelo.
La bibliotecaria sorprendida por su petición, le dijo aquí no disponemos de ese tipo de libros, al ver su rostro triste y pálido, continuó diciéndole yo tengo libro en mi casa que te podría interesar, si vuelves mañana te lo prestaré para saciar tu curiosidad.
Sara, no faltó a su cita, en cuanto salió del colegio. Y allí, estaba su nueva amiga esperándola para entregarle el libro. Le dió un beso en la mejilla y las gracias. Saliendo de allí, corriendo hacia su casa para leerlo cuanto antes.
Practicó durante meses y ya empezaba a tener algún progreso, apenas consiguió mover un bolígrafo. Para ella era suficiente avance pues estaba consiguiendo su propósito.
Laura, se accidentó en el trabajo y llegó un poco antes a casa. Sara que estaba jugando con su bolígrafo, descuido guardar el libro, dejándolo olvidado encima de la cama. Al entrar a su habitación, fue lo primero que vió.
Se pusó como una furia al ver de lo que trataba el libro, tirándolo a la basura. A ella, la cogió del brazo y la encerró en el armario de su habitación como castigo. Sara que no tuvo tiempo a explicarse, se enojó tanto que su energía parecía concentrarse en su rabia del momento.
Mientras Laura fue a tomarse un baño para liberar tensiones. Las luces comenzaron a parpadear, salió de la bañera. Al coger la toalla para secarse, el cuerpo. Los cristales y espejos, se rompieron en mil pedazos. Alojandose uno de ellos en el vientre, causándole heridas muy graves, falleció a los pocos minutos en el suelo del baño.
Sara que no sabia lo que ocurría, solo escuchó un estruendo y los gritos de ella, llamando a su madre, fue lo que alertó a los vecinos. Que llamaron a la policía. Al entrar a la habitación, descubrieron a la niña encerrada en el armario, por lo que quedó libre de sospecha. Y a día de hoy, sigue siendo un misterio para la policía que sigue sin explicarse lo sucedido.
La niña dejó de practicar, lo que parecía un inocente juego acabó con la vida de su madre.