Para quienes no conocen Cuba, el tren de Hershey fue un curioso ferrocarril eléctrico que durante décadas recorrió el trayecto entre La Habana y Matanzas. Nació vinculado al proyecto azucarero de Milton S. Hershey y terminó convirtiéndose en parte del paisaje y de la vida cotidiana de varias generaciones de cubanos.
Para nosotros, los jóvenes de principios de los 2000, era algo mucho más sencillo: una manera barata de llegar a La Habana y regresar a casa.
Yo lo utilizaba con mis amistades para ir a los conciertos de rock. Llegábamos a la estación de Matanzas alrededor de las cuatro de la tarde y comenzaban aquellas cuatro horas de viaje.
Los asientos eran una tortura. Después de un rato era difícil encontrar una posición cómoda y hacer todo el recorrido sentado era casi imposible. Pero éramos jóvenes. Y la juventud tiene esa extraña capacidad de convertir una incomodidad en parte de la aventura.
Además, estaba el paisaje.
El tren avanzaba lentamente por el campo cubano, atravesando pequeños pueblos, casas, sembrados y lugares que parecían detenidos en el tiempo. Íbamos pegados a las ventanas, mirando cómo pasaba aquella Cuba rural mientras conversábamos, nos reíamos y hacíamos planes para la noche.
También estaban las aventuras.
Una vez compramos un vino de remolacha que todavía no había pasado por el proceso de endulzamiento. Lo probamos varios y solamente dos fueron capaces de tomarlo. Los demás preferimos conservar intactas nuestras papilas gustativas.
En otra ocasión cogimos el tren para ir a un campismo. Nos bajamos en un pueblo que parecía estar en medio de la nada. Cuando miramos alrededor comprendimos que teníamos un pequeño problema: no sabíamos cómo salir de allí para llegar a la carretera.
Nos miramos unos a otros.
—¿Y ahora qué hacemos?
Al final, como casi siempre, encontramos la manera.
Pero los viajes que más recuerdo son los de los conciertos.
Podíamos coger el tren a las cuatro de la tarde en Matanzas, llegar a La Habana después de cuatro horas, pasar toda la noche saltando, cantando y escuchando rock y, cuando terminaba el concierto, regresar a la estación para tomar el tren de vuelta alrededor de las cuatro de la madrugada.
A las ocho de la mañana estábamos otra vez en Matanzas.
Ocho horas de tren entre ida y vuelta, una noche entera de concierto y prácticamente nada de sueño.
Hoy me parece una locura.
Entonces era simplemente un plan.
Y había algo mágico en aquel regreso de madrugada.
El tren avanzaba por la oscuridad mientras nosotros intentábamos mantener los ojos abiertos. Se escuchaba el traqueteo de las ruedas y, por encima de todo, el chisporroteo de los cables eléctricos. Las luces aparecían y desaparecían sobre el camino y, de vez en cuando, algún pueblo rompía la oscuridad.
Después de una noche de rock, aquel viaje de regreso tenía una especie de silencio especial. El cuerpo estaba agotado, pero uno seguía sintiendo que la noche todavía no había terminado.
Desde 2017 el tren dejó de funcionar. Poco a poco fueron desapareciendo los cables y las líneas comenzaron a llenarse de maleza. Aquel recorrido que durante tantos años había unido Matanzas con La Habana fue quedando en silencio.
Pero algunas cosas no necesitan seguir funcionando para continuar existiendo.
Cada vez que paso cerca de la estación de Matanzas, recuerdo aquellos viajes. Los amigos, los conciertos, los pueblos del campo cubano, el vino de remolacha, aquel campismo del que no sabíamos cómo salir y las interminables horas sobre aquellos asientos.
Recuerdo también el regreso de madrugada, cuando después de una noche entera de rock nos montábamos nuevamente en el tren y dejábamos que el traqueteo nos llevara de vuelta a casa.
Hoy las vías están cubiertas de maleza y los cables casi han desaparecido.
Pero a veces basta pasar cerca de aquella estación para volver a escuchar, aunque sea solamente en la memoria, el traqueteo del tren y el chisporroteo de los cables.
Y por unos segundos, vuelvo a tener veinte años.
¿Y tú?
Si alguna vez viajaste en el tren de Hershey, ¿qué recuerdas de aquellos viajes? ¿Algún paisaje, alguna estación, alguna aventura o simplemente el sonido del tren avanzando por el campo cubano?
Me gustaría leer esas historias en los comentarios. Quizás entre todos podamos rescatar un pedacito de la memoria de aquel viejo tren.
📷Primera fotografía del tren tomada de las redes.
Segunda fotografia tomada por mi del estado actual de la linea