Se acaba la oscuridad del camino y solo veo los halos de luz. Transcienden las almas por el sendero y la vienen a recibir los parientes asiduos y pendientes de guiar su camino desde la infancia.
Percibo el suave aroma de las rosas que van iluminando tu sendero, esas que tantos cuidabas estando con vida.
Comienzo a comprender que escribir es dejar flotar el alma entre lineas que parecen inútiles, pero que van sanando los abrazos que nunca estuvieron presentes.
Los abrazos que no nos enseñaron desde pequeños, que pequeño detalle es cuidar de otros, así mismo lo vemos en la sabia naturaleza. Que está llena de grandes detalles y vestigios de luz.
Nuevos valores que se van creando, ejemplos e historias por contar de generación en generación. Todo esta por escribirse en cada página del libro de la vida.
Es por eso que seguimos luchando por el retorno de los nuestros a cada instante de nuestras fuerzas ocultas. Ellos vendrán tarde o temprano y tendrán la fuerza y el aprendizaje de vivir en la lejanía.
Nuevos capullos saldrán con una fuerza invencible, dejando su halo de luz a su paso. En tropeles cabalgaran por las nuevas tierras recuperadas y nunca olvidadas. Serán la fuerza de la nueva era de luz y apagaran la oscuridad reinante.
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