Corría sin cesar, perseguido por los que no entienden de palabras, huída para no pagar deudas heredadas, durante horas se pudo ocultar entre las masas, pero ya no tenía escapatoría , poco a poco lo iban acorralando y de repente se vió ante el último muelle.
Blanco fácil, no había nada, el sol de las cuatro de la tarde castigaba con toda justicia , no había ni sombras ni cobijo. Quedaba a expensas de ser descubierto y atrapado, pero en esa amplitud encontró su final, pensaba que al final de la calle le esperaban con la lancha preparada para cruzar el estrecho. Todo quedó en simple imaginación, al final solo la mar, solo había agua, solo había un camino , nadar o la muerte, el premio lo tenía asegurado, cuestión de tiempo o formas de morir, mientras hay un segundo de aliento, el ser humano no pierde la esperanza y crea escenarios posibles donde la vida se abre paso.
Fotografía de mi autoría.