"Haz de cuenta que todo es posible"

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¡Saludos amigos hivers, en especial, a la comunidad Green Zone! Un espacio donde se comentan ideas, emociones y memorias. Hoy vengo a hablarles sobre lo que creo firmemente que debe ser preservado, pese a la edad que tengamos; y es la infancia, la imaginación, el rincón del alma donde jugar sin miedo.

Quiero compartirles una reflexión inspirada en un tema musical de Juan Carlos Baglietto. Sin dudas todo un poema musicalizado. No es sólo una canción "Juan y María", sino una invitación a mirar atrás, lo que fuimos y de alguna manera deberíamos seguir siendo.

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Formalmente aborda el común juego de roles de los niños, que clásicamente empieza diciendo "ahora yo era... y tú hacías tal o más cual cosa". Un "Haz de cuentas", un "Imagina que". Justo la manera en que se desata la imaginación infantil cuando juegan entre ellos. Pero la canción contiene obviamente, la complejidad que la adultez añade al recuerdo.

La letra es un elocuente ejemplo de cómo el “haz de cuenta” fue un espacio de fantasía y poder.

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“Ahora yo era el héroe y mi caballo sólo hablaba inglés, la novia del cowboy eras tú aparte de otras tres…”
Aquí el niño no sólo se imagina un rol, sino que establece las reglas de su universo: un caballo que habla un idioma distinto al materno, múltiples novias, aventuras sin límites. Es su manera de explorar el poder, la identidad y las relaciones.

El hecho de que “la novia del cowboy eras tú” muestra la colaboración en el juego de roles. El otro niño (la niña) acepta el rol que le dan dentro de la fantasía.
Esta aceptación es la base de lo empático y de la negociación. El “haz de cuenta” viene a ser una exploración de habilidades sociales.

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A esta canción también le veo un elemento de humor y auto-conciencia. El adulto recuerda esos juegos con mucha nostalgia , recordando la inocencia irrepetible de la infancia.

El narrador no sólo recuerda, reconstruye el juego de su infancia, con sus detalles imaginativos y sus reglas creativas. Esta reconstrucción de alguna forma le sana a su niño interior, donde él mira con cariño y añoranza.

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Esos recuerdos y sentimientos infantiles no están reprimidos como diría Freud y su escuela. Son una forma de expresar nostalgia por el pasado y todo lo que de pureza tuvo.

Esta canción es un testimonio de cómo el “haz de cuenta” no sólo marca nuestra infancia, sino que también se convierte en una parte de nuestro yo.
Nos muestra que los recuerdos de esos juegos de niños, pueden ser una fuente de alegría y una forma de entender cómo nos relacionamos con el mundo ya de adultos.

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Basándonos en la perspectiva del niño interior y la importancia de la infancia, podemos analizar la canción "Juan y María" como símbolo de nostalgia por la inocencia perdida y la búsqueda de un paraíso de la niñez que ya no existe.

Estos personajes son la encarnación del niño interior en su estado más concreto. Sin preocupaciones, no conocen la desilusión. Su juego es sencillo, real y sano, sin las ambiciones y 'urgencias' del mundo adulto.

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A medida que avanza la canción, se siente una melancolía profunda. El narrador, presumiblemente un adulto, recuerda a Juan y María, y es consciente de que ese tiempo ya no existe. La música y la letra transmiten un sentimiento de pérdida, de un paraíso que se ha esfumado.

Pero se aferra a esos recuerdos. Al revivir la historia de Juan y María, no solo está recordando su propia niñez, sino que también está intentando conectar con esa parte de sí mismo que fue pura y feliz. Es su modo de alimentar al niño que todavía vive en él.

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En otros post he dicho que "El guardián entre el centeno" es una de mis novelas favoritas, pero a diferencia del personaje principal de esa obra de Salinger, el personaje de la canción no intenta volver a ese pasado, sino que lo acepta como algo que terminó.

La canción es una elegía, una forma de honrar un momento que fue bello pero que es irrecuperable.

"Juan y María" es un tema sobre la memoria de la infancia, con dos personajes y un escenario simple para definir, no sé si con toda intención, al niño interior que a todos nos queda, esa inocencia, la felicidad en las cosas pequeñas y la nostalgia por un tiempo en el que la vida era un juego sin complicaciones.

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Me llega a la mente otra canción que mira la infancia con una ternura inolvidable, "Cuando yo era un enano", de Silvio Rodríguez. Silvio no sólo recuerda su niñez, sino que se recuerda a sí mismo como un enano, no en sentido despectivo, sino como una manera de evocar su pequeñez y vulnerabilidad en un mundo de adultos.

El enano es expresión de la conciencia infantil, de esa mirada limpia, llena de preguntas, que aún no ha sido contaminada.

El poeta adulto se dirige a su yo infantil como a un ser separado, un “tú”. Y eso nos hace preguntarnos ¿hasta qué punto nos hemos distanciado de la inocencia y la perspectiva que teníamos de niños? ¿Por qué sentimos anhelo y extrañeza? ¿Por qué ya no usamos la fantasía para dar sentido al mundo?

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¿Qué ha pasado con el niño que fui, con el niño que fuiste? ¿Qué trastocó nuestros sueños? ¿Dónde nos frustramos, cuándo nos desengañamos? ¿Hasta qué punto sigue vivo en nosotros? ¿Y por qué vale la pena que siga vivo?

Debe cantar Baglietto. Debe cantar Silvio, y exclamar, después de las evocaciones, "Libertad, libertad para mi niño". Como una forma de recuperarlo. Como un retorno a los sueños profundos, trascendentes. Para que las tinieblas no nos cieguen en un mundo tedioso, que hastía por las obligaciones, por lo establecido, por lo normado. Por lo que no se puede soñar porque todo está delimitado, paralizado, domesticado.

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Y entonces aparece Holden Caulfield, el protagonista de "El guardián entre el centeno", como un símbolo de resistencia, de no aceptación de un mundo que no te satisface por sus barreras, por su perversión del sentido originario, por el individualismo, la competencia, por supeditar lo esencial a lo pragmático. Por estar intoxicado de un falso realismo, la realidad de lo urgente, del corre-corre.

Holden quiere ser el guardián que impida que los niños caigan por el precipicio de la adultez. Y en su relación con su hermana Phoebe vemos la identificación plena con la inocencia, con la ternura, con lo esencial. Él no quiere que ella pierda su pureza.

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No quiere que se convierta en una adulta más. Y en ese gesto yo veo y asumo, que la felicidad y la verdad a menudo se encuentran en lo simple, en no dejarse arrollar por el sinsentido, por el absurdo.

Porque al final, sin caer en la insensatez, y siendo asertivos, para protegernos de los males de 'ser grandes', recuperar nuestra visión de niños es más coherente. Es volver a mirar el mundo con ojos nuevos. Es volver a jugar. Es volver a soñar.

Así que, si hoy estás cansado, si el mundo te pesa, si el miedo te visita... 'Haz de cuenta'. Haz de cuenta que aún no hemos nacido. Haz de cuenta que todo es posible. Haz de cuenta que somos Baglietto jugando a decretar, que somos Silvio bajo el cielo bajito, que somos Holden cuidando el centeno. Y que el juego apenas comienza.

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Gracias por leerme. Gracias por estar. Y gracias por seguir creciendo conmigo.



Texto de mi autoría, libre de IA.

Imágenes del archivo libre de Pixabay.



"Haz de cuenta que todo es posible" | Ecency