Malena le mueve al atole mientras cadenciosamente mueve sus caderas al son de las notas en sus labios, y yo atrás de ella trato de no hacer ruido, no he querido despegar los ojos de su cuerpo a medio vestir; sus harapos voluntariamente desgarrados, su pantalón cortado apenas abajo de sus nalgas me hacen contener la respiración para no perturbar su trance, silencio, me digo a mi mismo, que no hay que hacer ruido alguno para no espantar a la presa, hay que dejar que corra el agua de la vida entre las sienes, mientras suspira creyendo que está sola, y limpia sus dedos en las prendas pegadas a su cuerpo cubierto de sudor por el calor de la cocina.
Se agacha para revisar el pastel a través de la ventanilla que parece que se ha tardado un poco mas de lo esperado, se endereza mientras enreda uno de sus risos entre los dedos y se despeja la frente de cabellos; ya me he acercado un poco mas y no lo ha notado o al menos eso es lo que creo.
De pronto ella sonríe mientras pasea una cereza por su lengua, se saca la playera del diminuto short improvisado, me mira sin voltear totalmente, me lanza una sonrisa maliciosa y coloca mi manos sobre su senos mientras se talla contra mi cuerpo ya dispuesto.
Quince minutos mas tarde seguimos bailando desnudos en la cocina…
Historia y Arte
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