La música siempre me acompaña. Bebo mi taza de café y me animo a escribir... algo que no estaba entre mis planes, pero dejo que mis manos guíen y que el pensamiento discurra como si se tratase de una brisa gélida, que al chocar contra mi cuerpo se calienta. Todo tiene su razón y su porqué. Y esta melodía me recuerda a aquella chica que me permití amar. Todavía lo hago; la amo, aunque de un modo diferente. A veces aparece y me dice: "¡Muchacha linda!" y yo respondo con esa misma frase y una sonrisa que las dos adivinamos en nuestros rostros. Su voz es suave y tierna y la siento como ese desperezarse mañanero, después de que exploramos mundos más allá de los sueños. Entonces hablamos un rato del hoy y un poco del mañana. De los pasos que son ciertos y de los que no. No nos vemos. Nos separan ondas y complejas conexiones, pero entre palabras nos tocamos como dos aves que se encuentran después de largos y cansados viajes.
Ella llegó a mi vida como el roce de un ala de mariposa, y puso tantos besos y caricias en mi cuerpo que llegué a arder cual fuego divinamente lento. Recuerdo aquellos días con tanto cariño que los guardo en mi pequeña caja de tesoros. Todos tenemos una pequeña caja para guardar instantes hermosos y significativos.
La vi en una noche de hastío. Digo la vi porque fue entonces cuando algo mágico nos unió. Siempre había estado cerca, sin embargo la vida nos mantuvo lejos. Dijo ser gitana y se convirtió en musa de mi vida. La recuerdo a mi lado dormida, arropada de un silencio casi místico, pero también la vi alzarse como fiera sobre mis caderas y sacar de mis entrañas dulces y apasionados ecos.
La música a veces me salva. Pienso en el pasado. Respiro profundamente y atisbo en este día gris una frase, una que no es mía pero al mismo tiempo lo es.
Busco la verdad en mi interior cuando el amor se esconde. Doy todo y así voy descifrando los secretos...
Mi corazón se siente agradecido. Cierro los ojos y dejo que mis pasos me conduzcan hacia ese lugar de mi casa donde él late más lento, alejada del ruido mundano y de la siempre urgente necesidad de sobrevivir. Me despojo del abrigo y estiro los brazos para abrazarme, atrayendo hacia mí a ese invisible e inmenso espacio que me rodea, que no está vacío, sino repleto de vida, de recuerdos calmos y felices que se ciernen sobre mí sin apenas sospecharlo; memorias que me mantienen viva y que un día me permitieron amar, otra vez.
(otra más)
;)
Original content by @nanixxx. All rights reserved ©, 2025.