Sí, una increíble galleta, color avena, que entre ramas se enreda.
La intenté seguir y hasta el río fui.
Pero, ella saltó...
Yo le dije "adiós"
Me recosté y pensé, pensé, pensé...No puedo a la galleta sola dejar, la debo ir a buscar.
Atravesé ríos peligrosos...
Me oculté entre hojas de los monstruos.
Tras el agua intente ver las migajas.
También la busqué en la cascada.
Y trate de escucharla a través de la montaña.
Cuando la esperanza se había acabado, desde lo alto pude verla nadando.
Fui por ella y ahora estamos descansando, porque a una galleta no se la abandona, se la cuida, se la protege y se le hace compañía para que jamás se sienta sola.
Fin