"Por qué le hablas a la pared, no veo que tenga oídos para escucharte bien", eso le dije a un ciempiés, que se frotaba sobre la superficie de blanca tez. Pero el animal seguía en su fe, asegurando que bajo la pared, hay un mágico ser.
El persistente animal, fue por un café y se puso a merendar, sus bigotes se tiñeron de marrón y el piso con boronas dejó. Dormido quedó y de la pared un ser claro salió, las migajas se comió y los bigotes del ciempiés limpió.
Así es la mágica pared, cuida desde su grandeza al ciempiés, jamás se deja ver, pero al lado le deja un oso de papel, que el animal podrá soplar, para una nube generar.