Tuve un gato negro. Era hermoso. De pelaje lustroso. Sus bellos ojos verdes brillan cuando te miran y penetran tus sentidos y enloquecen tu raciocinio. Lo halle en la calle desolado y triste. Lo lleve a casa, lo alimenté, le di cobijo, y lo arrulle para alejarle las penas. Hoy, después de una semana, el gato negro me araño la cara. Caí en un sopor y al despertar el gato negro se llevo mi alma. La he buscado por todos los rincones oscuros. He preguntado por ella y nadie la ha visto.
Salgo en las noches lluviosas por esas calles vacías y negras, donde aúllan los locos cuando desahogan sus penas, porque ellos también carecen de ella. Después de un mes de búsqueda por los lupanares, casas de vicios y tristezas, mi alma no aparece. Creo que voy a enloquecer... Estoy segura de que el gato negro tiene mi alma negra.