Hola, cinéfilos!!
Hace mucho tiempo no recibía una invitación para ver una película... La verdad es que, cuando uno pasa los días enteros sumergido entre guiones, analizando estructuras dramáticas en tres actos, puliendo diálogos y buscando la voz precisa para cada personaje, la experiencia pura de sentarse en la penumbra de una sala de cine a disfrutar del trabajo de otros colegas a veces queda involuntariamente relegada.
Sin embargo, cuando la propuesta que llega a tus manos involucra una obra del calibre de "La chica del coro" (Little Trouble Girls), la deslumbrante ópera prima de la cineasta eslovena Urška Djukić, la respuesta no puede ser otra que un sí entusiasmado y rotundo.
Como escritor y guionista, debo confesar que esta invitación se siente como un respiro profundamente necesario y la excusa perfecta para reencontrarse con la auténtica magia del lenguaje audiovisual en la mejor compañía posible.
Desde la perspectiva estricta del oficio de contar historias, este largometraje representa una lección magistral de construcción de personajes y economía narrativa. La trama nos lleva al universo íntimo de Lucía, adolescente de 16 años de carácter tímido e introspectivo que decide incorporarse al coro de su colegio católico.
Es en ese entorno donde entabla una estrecha e intensa amistad con Ana-María, una estudiante mayor, carismática y libre. Durante un retiro espiritual organizado por la comunidad escolar, la creciente complicidad entre ambas jóvenes se transforma rápidamente en el catalizador donde colisionan la devoción religiosa, la culpa heredada, las rígidas expectativas sociales y los primeros e inevitables despertares del deseo.
Lo verdaderamente fascinante del libreto ideado por Djukić radica en su absoluta negativa a juzgar, victimizar o simplificar a sus protagonistas; en su lugar, nos ofrece un tratamiento de personajes profundamente humano, transparente y repleto de capas de subtexto que enriquecen cada secuencia.
Aceptar esta propuesta es un acierto indiscutible por múltiples razones que van mucho más allá del simple entretenimiento del fin de semana. En primer lugar, la pulcra dirección de Urška Djukić viene precedida por una recepción sumamente calurosa en festivales de enorme prestigio internacional como la Berlinale, situándola de inmediato como una de las miradas más originales y sugerentes del panorama cinematográfico europeo contemporáneo.
Para los que vamos rumiando el arte de escribir historis, resulta un ejercicio enormemente estimulante observar cómo la realizadora logra edificar un conflicto dramático de inmensa escala emocional apoyándose en gestos mínimos, miradas cargadas de intención, silencios profundamente elocuentes y una tensión narrativa que se sostiene con elegancia.
A este notable logro se une el desempeño técnico y actoral. Las interpretaciones de su joven elenco logran sostener el relato con una autenticidad y vulnerabilidad pasmosas.
En lo visual y sonoro, la película saca un provecho extraordinario de la experiencia en sala, la fotografía utiliza una iluminación sobria y natural para construir atmósferas envolventes, mientras que el diseño de sonido y las piezas corales actúan como un personaje invisible que eleva la historia a niveles casi hipnóticos.
Por otra parte, la película posee esa cualidad tan cotizada y escasa hoy en día, no acaba cuando se encienden las luces del cine. Deja sembrados interrogantes cruciales sobre la búsqueda de la propia identidad y la libertad individual, garantizando un debate posterior fascinante al salir de la función.
Hacía mucho tiempo que no me invitaban a ver una película, pero cuando el motivo es una obra tan honesta, poética y pulida, el entusiasmo es total. Es la excusa ideal para hacer una pausa en la rutina de la escritura, ajustar los tiempos, compartir unas palomitas y dejarnos inspirar por el gran cine.
🎬 © Marabuzal, 2026. Todos los derechos reservados.
🎬 Las imágenes son capturas de la película.
🍿 Opinion Article: «Little Trouble Girls» (ESP/ENG)
Hello, film lovers!!
It's been a long time since I received an invitation to see a movie... The truth is, when you spend entire days immersed in scripts, analyzing three-act dramatic structures, polishing dialogue, and searching for the precise voice for each character, the pure experience of sitting in the dim light of a movie theater enjoying the work of other colleagues is sometimes involuntarily relegated.
However, when the proposal that lands in your hands involves a work of the caliber of "Little Trouble Girls," the dazzling debut feature by Slovenian filmmaker Urška Djukić, the answer can only be an enthusiastic and resounding yes.
As a writer and screenwriter, I must confess that this invitation feels like a deeply needed respite and the perfect excuse to rediscover the authentic magic of audiovisual language in the best possible company.
From the strict perspective of the craft of storytelling, this feature film represents a masterclass in character development and narrative economy. The plot takes us into the intimate world of Lucía, a shy and introspective 16-year-old who decides to join the choir at her Catholic school.
It is in this environment that she forges a close and intense friendship with Ana-María, an older, charismatic, and free-spirited student. During a spiritual retreat organized by the school community, the growing complicity between the two young women quickly becomes the catalyst where religious devotion, inherited guilt, rigid social expectations, and the first inevitable stirrings of desire collide.
What is truly fascinating about Djukić's script lies in its absolute refusal to judge, victimize, or simplify its protagonists; instead, it offers a profoundly human, transparent character treatment, brimming with layers of subtext that enrich every scene.
Accepting this film is an undeniable success for multiple reasons that go far beyond simple weekend entertainment. Firstly, Urška Djukić's polished direction has been preceded by an extremely warm reception at prestigious international festivals like the Berlinale, immediately establishing it as one of the most original and thought-provoking perspectives on the contemporary European film scene.
For those of us who ponder the art of storytelling, it is an enormously stimulating exercise to observe how the director manages to construct a dramatic conflict of immense emotional scale using minimal gestures, glances laden with intention, profoundly eloquent silences, and a narrative tension that is sustained with elegance.
This remarkable achievement is complemented by the technical and acting performances. The portrayals of her young cast manage to sustain the narrative with astonishing authenticity and vulnerability.
Visually and aurally, the film makes extraordinary use of the theatrical experience. The cinematography employs understated, natural lighting to create immersive atmospheres, while the sound design and choral pieces act as an invisible character, elevating the story to almost hypnotic levels.
Furthermore, the film possesses that highly valued and rare quality these days: it doesn't end when the theater lights come up. It leaves behind crucial questions about the search for one's own identity and individual freedom, guaranteeing a fascinating discussion afterward.
It had been a long time since I'd been invited to see a film, but when the reason is such an honest, poetic, and polished work, the enthusiasm is complete. It's the perfect excuse to take a break from the writing routine, adjust our schedules, share some popcorn, and let ourselves be inspired by great cinema.
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🎬 The images are screenshots from the film.