Otro día comienza en la redacción del diario más prestigioso y de mayor tiraje del país.
Víctor acomoda su bolso colmado de cámaras y lentes, tiene mucho cuidado en el orden, es imprescindible que así sea.
Como un soldado, limpia el fusil antes de salir a combatir, nada puede fallar, es de vida o muerte la diferencia, tener o no tener todo debidamente previsto.
Ya había sufrido la experiencia cuando era un novato, de fracasar en una nota. Hecho que casi le cuesta el puesto, pero lo más grave fueron las pesadillas que tuvo largo tiempo. Soñaba que llegaba a cubrir la nota más importante de su vida y se había olvidado la cámara.
Se despertaba sobresaltado, con el corazón a punto de estallarle y un sudor frío en todo el cuerpo.
Ese día, no era diferente a los demás, la histeria en la redacción dominaba la escena.
Marcos el jefe de política fumaba como un sapo. Se diría que era un sapo gordo, petiso de ojos saltones, sin cuello, una boca enorme de labios anchos, piernas cortas y los brazos gruesos. Si se lo mira mejor hasta se lo puede ver verde.
Víctor ruega que Marcos no lo llame para cubrir política, se tienen una mutua antipatía desde el día que Víctor fracasó en aquella nota de novato, pero, no tuvo suerte, “El sapo” lo busca para darle un estiletazo con su lengua pegajosa y lo envía a cubrir una manifestación gremial en pleno centro de la ciudad.
Esas eran las notas que Víctor menos quería cubrir, nunca pudo entender los reclamos de justicia de gente que se ríe, canta, salta, y hace sonar los bombos como en un corzo de carnaval.
En pocos minutos está en el frente de batalla con su cámara cargada lista para disparar. Busca un lugar alto donde poder obtener una buena foto.
Aquella casa de principio de siglo tiene un balcón apropiado, justo para su propósito.
Como la puerta de calle está abierta, no lo piensa mucho y entra a paso veloz. Los reporteros jamás piensan demasiado cuando trabajan, no hay mucho tiempo para tomar decisiones.
Sube al primer piso y encuentra la puerta del departamento que da al balcón apenas entornada. Golpea nerviosamente, espera cinco segundos y entra.
El lugar está en penumbras y todavía encandilado con la luz del día tropieza con algo que está en el piso. Cae mientras mantiene en un acto reflejo la cámara en alto para que no se golpee.
Unas malas palabras, acompañan la caída y cuando estuvo en el piso supo que había tropezado con el cuerpo de una persona que estaba boca abajo. Se levanta como un rayo busca el interruptor de la luz con desesperación, lo enciende queriendo entender lo que está sucediendo.
El cuerpo es de un hombre de baja estatura, regordete, se inclina con temor que este muerto, tiene curiosidad por ver su rostro.
Apoya la cámara en el piso, toma al hombre por uno de sus hombros y lentamente lo da vuelta. Da un salto hacia atrás cuando por la impresión descubre que es Marcos “El Sapo”.
Su mente está absolutamente confundida ¿Que hace Marcos allí en el suelo si lo había dejado minutos antes en la redacción del diario? Queda paralizado ni siquiera atina a ver si esta con vida, nunca antes estuvo en una situación parecida pero, su profesionalidad se impone a las circunstancias. Toma la cámara, le hace dos fotos al cuerpo y corre a pedir ayuda.
En unos minutos llega al lugar un equipo de emergencias de esos que están en las manifestaciones y que Víctor pudo encontrar.
Después de revisarlo le dicen a Víctor que está con vida y que lo llevan al hospital.
Víctor olvida la manifestación, está demasiado impresionado como para recordarlo, además tiene las fotos de Marcos y un dilema por resolver.
Decide entonces volver a la redacción del diario para aclarar sus ideas.
Es cerca del mediodía y gran parte de la gente de la redacción salió a almorzar. Solo queda una guardia de rigor.
Víctor entra y al primero que encuentra es a mi (yo también soy reportero pero de los que escriben)
Cuando me contó pensé que me estaba haciendo una broma, pero su cara me decía lo contrario. No puede ser le dije, Marcos acaba de salir a comer.
Se puso pálido como un papel y se desvaneció unos minutos.
Cuando volvió en si me dijo
-¡La cámara, dame la cámara! Allí están las fotos de Marcos tirado en el piso que le tome recién.
Lo miramos incrédulos no le pudimos creer hasta que vimos las fotos, Casi de inmediato entró Marcos, todavía masticando la hamburguesa que pidió en el bar del diario. Quedamos atónitos.
-¿Que pasa parece que vieron un fantasma? -Dijo Marcos, despreocupadamente.
Cuando pudimos contarle, Marcos corrió al hospital a ver a su hermano mellizo que no veía desde hacía 10 años.