Me le acerqué con cierta añoranza
no sabia como ella iba a reaccionar,
me senté a su lado en silencio
como un amigo que resguarda su dolor.
Ella me miró con sus ojos humedecidos
lágrimas de dolor se asomaron en su mejilla,
no se en que momento fue que pasó
pero mis dedos ya estaban en su barbilla.
Ella me narró todo lo que sucedió
mientras el tren se movía yo ni sentia,
solo escuchaba como poesía
su dulce y quebrantada voz.
En eso ella más se me acercó
mi corazón a ritmo acelerado se agitó,
ella sueño tenía pues se veía en su carita,
así que un hombro mi cuerpo le prestó.