Aferrado a una esperanza
Había una vez un bello y maravilloso orfanato con hermosas cuidadoras y pequeños niños muy obedientes, había un colorido jardín con plantas, flores silvestres y en el centro un parque donde solíamos pasar el día. Seré honesto me acabo de despertar, ese era un hermoso sueño pero la realidad es que vivo aquí desde hace un buen tiempo y es todo lo contrario.
El orfanato queda retirado de la ciudad tanto así que tenemos nuestro propio huerto de vegetales y se crían animales para darnos de comer, es extraño recibir visitas, supongo que es por los varios pantanos que tenemos alrededor y justo en frente dos árboles secos con muchos cuervos que parecen siempre estar al acecho, desde afuera da la impresión de ser una cárcel embrujada.
Mi nombre es Lucas Milogui tengo 7 años de edad y me apodan Franki , niño feo o cicatriz, estoy aquí porque a inicios del verano mi familia y yo emprendimos un viaje a las montañas, mi padre perdió el control del auto en una curva y todos fallecieron, yo desafortunadamente no.
De allí mi cicatriz en el rostro y el porque me hacen tanto bullying, aunado a esto siempre pasan sucesos espantosos, hay mucho llanto y se respira desesperanza. Una tarde mi compañero de habitación subió sobre el armario y este se cayó y en la parte superior bajo unos libros viejos cubiertos de polvo y heces de ratas hallé una pequeña caja con herramientas, cables entre otros, rápido la tome y decidí esconderla entre mis cosas para que de esa manera no me la quitaran, debido a que era en las noches el único momento que podía jugar sin molestia.
La mañana siguiente me despertó un fuerte ruido , no supe que fue y supuse que había sido un trueno, a los pocos minutos empezó a llover y hubo una falla eléctrica, luego nos llamaron a comer y sentía mucho miedo porque en los pasillos habían velas encendidas alumbrando el camino hacía el comedor, en ese trayecto escuche a dos ancianas cocineras que crecieron en el orfanato decir - me siento un poco culpable por ese niño- la otra menciono - no te sientas así ya que él se cayó por la escalera, mas bien ruega que nadie allá escuchado el ruido porque así nos evitaremos averiguaciones y problemas legales- respondió la otra, -tienes razón, pero quizás tirar el cuerpo al pantano hubiese sido lo mejor y no servirlo de cena-.
Al escuchar esto sentí mucho terror, mi corazón se agitaba, no podía controlar mis pensamientos por la angustia y la desesperación. Pase noches sin poder dormir y cualquier ruido me sobresaltaba, tome la determinación y analice mis opciones, decidí que escapar seria lo mejor. Con ayuda de las herramientas intente abrir las cerraduras pero no lo logre y romper el vidrio de la ventana no era viable por lo fuerte de los barrotes, era solo un niño apenas tenía 7 años, no tenía la suficiente fuerza.
Tuve la idea de meterme en el bote de basura y así lograr salir de ese lugar, tras pasar diez años vagando en las calles por fin sentí un rayo de esperanza y hoy en día me encuentro aferrado a el.