Soñé, viajaba al mar.
Un mar que en vez de azul era morado.
Y frente aquella orilla
forjada por la mano de Morfeo,
supe, con la certeza extraña que se tiene,
solo en medio de los sueños,
que aquel mar,
no era el mar de mi ciudad de azules.
Asumí, que aquel color purpúreo de las aguas,
era el reflejo oscuro de la noche sobre ellas.
Me senté a mirar las estrellas titilantes,
como si hubiera estado allí miles de veces,
y vi pasar, como si se tratara de una fugaz estrella,
dulces recuerdos de mi lejana infancia,
de días hermosos en traspatio de la paterna casa.
Sentí la brisa acariciar mi rostro,
con el aroma salado y familiar de mis juegos de niña,
y me arrulló el cálido canto de las olas, con una voz extraña y conocida.
Este ejercicio poético vino hoy a mi desde las brumas de un cálido y hermoso sueño. Espero que lo disfrutaran tanto o más de lo que yo disfruté escribirlo. Decidí acompañarlo de unas delicadas flores color lila para hacer alegoría a ese mar de todos morados.
Imágenes de mi propiedad, tomadas con teléfono Redmi 9a