Hoy recordé a Damián. Y es extraño, no había pensado en él en demasiados años.
No recuerdo con exactitud la edad que tendría yo cuando nos conocimos, pero debía de tener 7 u 8 años. Damián llegó herido a nuestro jardín y sin poder volar, era un pajarito de esos negros que abundan en las calles de ciudad (al menos en Venezuela), Tordo, creo que lo llaman. Mi hermano y yo lo ayudamos ( al menos así lo recuerdo, quien sabe si realmente lo estabamos ayudando). Por aquella época en casa había más de 50 aves muy variadas: canarios, loros, cardenales, pericos... y como el abuelo sabía de pájaros estábamos convencidos de que lo podía curar.
Y así fue como Damián terminó en una jaula bajo nuestro cuidado. Durante varias semanas lo alimentamos y curamos (bueno mi mamá y mi abuelo se encargaron) y es curioso porque recuerdo que en alguna ocasión le dimos espaguetis y pareció que le encantaban.
Después de un tiempo, no muy largo, le dejamos la puerta abierta para que pudiera irse. Ya estaba fuerte. Salió y voló por la casa, pero se volvió a meter en la jaula. Y no sé si lo recuerdo bien o mal, pero Damián se quedó hasta el día siguiente dentro de la jaula con la puerta abierta. Pero finalmente decidió marcharse.
Siempre supimos que su estancia era temporal, así que no nos sentimos tristes cuando se fue. De vez en cuando, algún pajarito negro visitaba el jardín y mi hermano y yo estábamos seguros que era él que había vuelto de visita.
Ya no tenemos pajarón enjaulados, preferimos verlos en la distancia, en los jardines y los parques, preferimos verlos libres y esperemos que también felices.
Me he propuesto hacer un ejercicio diario de escritura por eso hoy les cuento este recuerdo. Quizá así rompa este bloqueo que me ha tenido alejada de la blockchain y del cuaderno.
Imágenes de mi propiedad