Una vez al año su pequeña plantita de Zephyranthes florecía; su lirio de lluvia, su flor de los vientos, se vestía con un par de pálidas y delicadas florecillas, y ese día, era para Victoria, un día de fiesta.
Se la había dado a cuidar su mamá cuando cumplió 9 años y pidió un perro. "Cuida primero de esta plantita, que se ponga bonita, que florezca y entonces te dejaré tener un perrito", le había dicho entregándole la planta. Los primeros días todo fue muy bien, pero poco a poco se olvidó de ella y la planta se secó casi por completo. Con cuidados empezó a brotar nuevamente, pero algunos días la volvía a olvidar.
Pasaban los meses y la plantita con pocas hojitas pero noble y agradecida, le regaló su primera flor. Corrió donde su mamá orgullosa diciéndole: "mami, tiene flores, déjame tener un perrito". Su mamá vio la maceta y la pobre plantita y le preguntó: "¿Tu crees que ella está bien, la ves bonita? Yo le veo florecitas pero la veo débil. ¿Si te traigo un perrito podrás cuidar de una planta enferma y de un cachorrito?" Victoria pensó que su mamá tenía razón y decidió no era buena idea tener el perrito mientras la planta estubiera débil.
Los meses siguieron pasando y la planta se fue poniendo más fuerte y bonita, pero un día amaneció toda destrozada. El gato del vecino había echado abajo la maceta de su plantita. Victoria lloró muchísimo por ella, estaba desconsolada. Su mamá le dijo: "A veces pasan accidentes que nos hieren, cosas que no quisiéramos que pasaran, pero debemos recuperarnos". Juntas rescataron lo que que quedó de los zephyranthes y los volvieron a sembrar y a cuidar día con día. Ese año no florecieron.
Para cuando los pequeños lirios volvieron a florecer Victoria había cumplido ya 11 años, cuidaba su plantita con amor y esta se estaba poniendo frondosa, pero ella no habia vuelto a nombrar al perro, pues lo que su mamá no sabía es que ella tenía la meta de que su plantita se pusiera muy grande y fuerte, con muchas flores para que su mamá no pudiera decir que no.
Los meses se hicieron años y Victoria adolescente y con sus preocupaciones de adolescente, olvidó su plantita. Cuando su mamá la vio casi desaparecida empezó a regarla de vez en cuando, pero ella también estaba muy ocupada con su trabajo, quería ahorrar para mandar a su hija a la universidad.
El día que Victoria recibió su título de bachiller le regalaron un ramo de flores que tenía unas flores blancas que le recordaron a su plantita. Al llegar a casa la buscó y la encontró triste y enferma, pero viva. Entonces supo que su mamá la había estado cuidando, porque sino ya se había secado hace mucho. Decidió que esta vez no se iba a olvidar de ella.
Los años siguieron su curso y las vueltas de la vida algunas veces son muy crueles; quiso el destino que la mamá de Victoria se marchara demasiado pronto, pero ella siguió adelante y siguió cuidando de su plantita cada día, con el recuerdo de su madre diciendo: "A veces pasan accidentes que nos hieren, cosas que no quisiéramos que pasaran, pero debemos recuperarnos".
Hoy es su primer cumpleaños desde que su madre dejó su lado y hoy sus Zephyranthes le regalan por primera vez un enorme ramo de flores.
Espero que disfrutaran el relato y las bellas flores, una de mis plantas preferidas, mi lirio de lluvia, mi flor de los vientos, mis Zephyranthes.
¡Gracias por su lectura!
Fotografías de mi autoría tomadas con teléfono Redmi 9a