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Tobias Craven, uno de los corredores de bolsa más solicitados de la alta sociedad británica, miraba con detenimiento a una mujer que estaba de pie en el podio, recitando lo que ella llamaba un breve discurso en honor al pintor francés Francois D'Auvre, quien estaba inaugurando una exhibición en la galería Valerie's en el Soho.
No fue difícil reconocer a aquella mujer de corta melena oscura, ataviada con un vestido verde con flecos y una diadema adornada con una flor azul. Recordó haberla visto alguna vez en compañía de su primo Archie en el pueblo de Gravesend, en donde Archie solía pasar largas temporadas. No los había presentado, pero Tobias sabía que su nombre era Anne Crawley, hija de un panadero. Estaba comprometida con un tal Percy Burton, pescador e hijo de panaderos, antes de fugarse con Archie una noche de otoño.
La voz de Lucy, su prometida, lo trajo de vuelta a la realidad cuando dijo: "¡Oh! Es la viuda de Archie".
Tobias se volvió. "¿Viuda?"
"Sí. ¿No lo sabías? Archie falleció de cólera el año pasado. Me lo dijo Francois hace unos días, cuando me lo encontré en la City. Pobre mujer... Admiro su fortaleza. Perder a alguien que amas ante la enfermedad y tener que seguir adelante. Muy pocas lo logran".
Tobias sintió una mezcla de indignación y coraje. "¿Cómo...? ¿Cómo es posible que esa mujer no haya dicho algo?"
Lucy lo miró con sorpresa. "¿Tu tía Maude no te lo dijo?"
El silencio de Tobias fue elocuente. Lucy añadió: "Ya veo... Tu familia se ha hecho cargo de que la vergüenza no los alcance".
"Lucy..."
"Ayer visité a tu tía y tomé un té con ella. La noté muy deprimida; no quiso decirme, pero figuré que se trataba de Archie. Y siendo honesta, dudo que Anne se haya guardado la noticia. A saber cuánto valor necesitó para comunicárselo a ellos a sabiendas de la baja opinión que pudieran tener de ella".
Tobias volvió su mirada hacia Anne, quien ya estaba bajando del podio con ayuda de Francois. Lucy, por su parte, se apartó de él con disgusto.
"Señorita Crawley".
Anne se volvió. Un hombre de cabellera oscura, ojos azules y atavíos elegantes se había parado frente a ella. No necesitó presentarse para saber con quién estaba tratando. "Señor Craven. Hace años que no lo veía. ¿Cómo está la señorita Walters? Escuché que están pronto a casarse. Mis felicitaciones", saludó con un tono profesional.
Tobias, con incomodidad, le contestó que había venido a la galería por Lucy, quien era una aficionada al arte. "Tuvo que irse antes de lo previsto por un compromiso de última hora", justificó.
"Entiendo".
El silencio que surgió entre los dos fue más incómodo de lo que Anne había previsto. Quiso excusarse diciendo que quería saludar a algún invitado, pero Tobias se le adelantó diciéndole: "Me dijo Lucy que Archie había fallecido el año pasado".
Anne le miró a los ojos. En ellos notó una mezcla de indignación y disgusto. Supuso que Tobias desconocía por completo aquella noticia, por lo que decidió ser honesta: "Sí. Falleció de cólera. Lo contrajo en los barrios bajos cuando iba a visitar a un amigo enfermo. A su tía, lady Craven, le había enviado una carta al respecto poco después de su fallecimiento. Entendía a la perfección que a esas alturas ellos decidieron respetar los deseos de su hijo, pero aún así sentí que era mi obligación informarles sin esperar respuesta".
Tobias se mordió el labio inferior antes de responderle con estas palabras: "No sabía que él había muerto. Los dos éramos muy cercanos. Crecimos juntos... Incluso me habló sobre usted en algún momento, pero habló de usted como amiga, no como amante".
"Esa parte lo entiendo. Ustedes esperaban que Archie cumpliera un rol que él detestaba".
"Mis tíos se decepcionaron cuando vieron que él había abandonado a Lucy en el altar".
"Al menos ella le tenía a usted. Francois me dijo que usted y la señorita Walters ya estaban juntos antes de su compromiso. Archie no lo sabía, y creo que él mismo habría dado su bendición si usted hubiese hablado con él. Disculpe, tengo que ir a saludar a alguien. Buenas noches, señor Craven, y gracias por venir a la exposición".
Anne hizo ademán de retirarse, pero Tobias la tomó de la muñeca y le dijo: "Al menos dígame si fue feliz".
La joven sonrió quedamente. "Si no lo hubiera sido, habría regresado él a Londres".