Cielo mágico - Micro ficción

isauris(72)
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El Sol iba cayendo y empezaba el espectáculo. Pinceladas naranjas y rosas sobre las nubes, destellos dorados fundiéndose y mezclandose. Un espectáculo maravilloso.

Enk, amaba disfrutar del color del cielo: de los amaneceres, de los atardeceres, de la luna y las estrellas. El cielo del planeta tierra llevaba 80 años hipnotizandolo. En su planeta no había atardeceres, había 3 soles que se turnaban sin descanso para iluminar los cielos; así que descubrir la noche y el espectáculo de bienvenida y despedida del sol, era para él algo mágico.

En su planeta nunca había logrado nada importante, era uno más entre millones de habitantes, así que se lanzó él solo a la aventura, con el corazón lleno de planes colonizadores, pero que desaparecieron con el paso del tiempo y fue él quien resultó colonizado por el encanto de la tierra.

Enk, recordaba con cariño sus primeros años en la tierra y lo raras que le parecían las costumbres. Le sorprendía que algunas personas no se detuvieran a ver el cielo; pero Ania vivía maravillada con la mirada perdida en el firmamento. Fue Ania quien terminó de engancharlo a este planeta, ella que no le creyó nada cuando le confesó su procedencia, porque en su infinita inocencia solo podían venir de otro planeta unos humanoides verdes y cabezones. Así que dejó de intentar convencerla.

Ania ya no vería nunca más el atardecer, se había marcado hace tiempo, la vida se había vuelto monótona; un ciclo de espera entre atardeceres y amaneceres.
En su planeta podían vivirse muchos, muchos años, pero solo si querías; cuando ya habías cumplido tus objetivos de vida podías elegir dejar de existir, pues ya habías cumplido con tu propósito existencial. Los terraquios tenían dioses y conceptos de vida después de la muerte que para él eran solo imaginaciones infantiles, en su planeta el fin era el fin; existian con un propósito y después solo el legado para la siguiente geberación. Ania le había hecho la promesa de esperarlo al otro lado, pero él sabía que no había nada más, que no volverían a encontrarse.

Enk, dedicó aquella noche a viajar por sus recuerdos y decidió que el amanecer era un buen momento para marcharse.



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