Un día, más temprano que tarde, nos descubrimos adultos. Para la mayoría, no hay una linea específica que separe al niño del que eres hoy, todo simplemente pasó (un día a la vez), muy lentamente nos empezaron a interesar otras cosas o epezamos a escchar: ya eres grande para eso.
Hemos dejado los mundos imaginarios y vamos por la calle mirando de no pisar caca, pero sin preocuparnos por no pisar las rayas.
Generalmente no me siento vieja y no me detengo a pensar en estás cosas, pero hace unos días pasé por un parque que queda cerca de casa y un balón venía directo a mi. Fue un instinto, una reacción no pensada: ¡La mejor recepción y pases de mi vida! Saltito y medio de alegría y volver al modo adulto, todo en cuestión de segundos.
Hoy, en el mismo parque: unos niños trepaban un árbol mientras otros peleaban con palos cuál si fueran espadas. Un grupo de adultos los observaba, como quien mira una obra de teatro, debo decir que hasta yo quede atrapada por la escena y me detuve unos segundos a mirar, pero luego m invadió la sensación de que quedarme demasiado tiempo a mirar, quizá podría hcerlos sentir incómodos, después de todo yo era una extraña. Llgué a casa con la sonrisa, todavía en la cara y millones de recuerdos en la cabeza.
¿Cuándo dejamos de jugar? Me pregunte y mi respuesta fue: ¿De que hablas? ¿No es jugar eso que haces al escribir historias? Quizá por eso escribo, porque me niego a dejar de jugar. Escribir historias es construir un mundo imaginario tal como lo haciamos de niños, igual que al inventar los roles en un juego. Es construir sobre papel esa ciudad que una vez construimos con Legos, y dar vida a sus habitantes con sus alegrías y sus tragedias. Esto no es una verdad o una mentira, es solo una reflexión mientras garabateo unos dibujos.
Y aunque mis dibujos parecieran los de un niño, los sigo haciendo y no me avergüenzan, me relajan y me hacen feliz. Me pregunto quién querrá jugar conmigo y narrar la historia contenida en esta escena, porque estoy segura de que muchos verán más allá de lo que yo pueda haber imaginado.
Dibujos de mi autoría.