Debería entender que en cada uno de mis instantes,
está tu mirada escrutadora,
sigilosa vigilante,
aunque serena como una escultura,
para que el oprobio del Hades no se acerque a mi camino.
Odalisca primorosa cuyo contorneos
embriagan mi fe tan frágil,
opio que inunda mi sistema y
satisface mis ansias en una realidad irreal.
Sabiduría antigua pero ambigua,
soberana de un reinado infértil
que ha invadido mi feudo,
tal vez debido a su minusvalía,
o quizas porque jamás poseyó un alma.
Quiero proponerle al destino
que suelte mis amarras
y me deje partir o otros territorios,
tener la valentía de un colono
y reposar en alguna pradera lejana,
para sintetizar mis conquistas
y olvidar los fracasos
que erosionan mis entrañas.
Pacientemente aguardaré
en medio del camino,
la obscuridad del ocaso,
o que la bruma del mar,
calme la inquietud de mi espíritu,
travieso ente,
que atraviesa dimensiones,
regozijándose en el sonido
de las caracolas marinas,
con las que yo te llamaba en otros tiempos,
ondina arraigada a mi ser,
fantástica musa que se decoloró con el tiempo
hasta que se alejó de mi...
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