Un cuento para Matías

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Hago llegar este cuento como un regalo, en la agria distancia, a mi nieto que hoy cumple cuatro años.

Lo publiqué hace una hora sin este contenido introductorio y alguien en la plataforma decidió que merecía bajas calificaciones y lo ocultó.
Ayer mi nieto por videoconferencia dijo que quería una excavadora azul. Como no puedo estar a su lado para buscarla hasta encontrarla y regalársela, le hago llegar este cuento.
He borrado las imágenes (que tardé mucho en producir, editándolas, si es que ese era el problema (se las haré llegar por separado) para intentar que el cuento le llegue a mi nieto.

Por favor, leer a Matí desde el título.
¡Deseo de todo corazón que no borren esta publicación otra vez!

Matías y la excavadora azul

Había una vez un niño llamado Matías.
A Matías le encantaban los autos y soñaba con un mundo donde los autos fueran como las mascotas. En aquel mundo de Matías las personas elegían un auto, con el que se quedarían para siempre.

Como Matías era un niño bueno, él pensaba que sería muy conveniente poseer un camión de bomberos -porque hay que saber atacar el fuego- pero no debía ser rojo, como la mayoría de los camiones de bomberos, sino que debía ser del color del cielo.

También soñaba con un carrito pequeño, un carro de verdad, azul, que le sirviera para ir a clases. Debía ser un carro diminuto para que -siendo él un niño pequeño- nadie protestara, ni llamara a los fiscales de tránsito, cuando él llegara conduciendo al colegio.

Un día Matías tuvo un sueño. Soñó que entraba a un planeta donde no había gente, ni animales, ni plantas, sino que todos los habitantes tenían cuatro ruedas y un volante.
En el sueño, el niño caminaba entre ellos y los autos los saludaban con un gran respeto, moviendo sus parabrisas y haciendo sonar sus bocinas.

¡Los carros pequeñitos sonaban débilmente, pero los carros grandes sonaban como que se fuera a caer el firmamento!

Al final del sueño Matías se veía montado en una excavadora azul, con una bocina que él hacía silbar desde una cuerda que caía del techo, como aquellas bocinas de los trenes antiguos.
¡Fue muy divertido aquel sueño!

Por fin, un día, Matías tuvo una excavadora azul y entonces comenzó la razón de este cuento.

El niño comenzó a hacer un hueco, un hueco profundo y largo que con el tiempo se convirtió en un túnel. Era un trabajo laborioso, pero Matías seguía y seguía; Exdora, que así se llamaba su excavadora azul, era quien hacía la mayor parte del esfuerzo.

Un día, al lanzar un palazo, entró un rayo de luz que los dejó, por un momento, ciegos. Exdora, que era un tractor con experiencia, comprendió al instante lo que estaba sucediendo. ¡Estaban en el polo norte¡ ¡Habían atravesado la tierra por el centro!

Y esta historia no termina aquí, aunque parezca, porque después de haber atravesado la tierra en línea recta, Matías y Exdora siguieron, poco a poco, haciendo pasadizos subterraneos. Algunos los llevaban a Venezuela, otros a Colombia, a España, a Austria, a casi todos los lugares de la tierra.

Décadas después era muy fácil desayunar empanadas en Venezuela, almorzar en el Polo norte y cenar contemplando un crepúsculo en la Patagonia.

¿Y que pasó con Matías y su excavadora azul? Pues, que a ambos se les puede ver, en una bella fotografía, en todo el mundo, en todas las enciclopedias, como los mejores inventores del planeta.

gracielaacevedo@gracielaacevedo

Esta historia está hecha sobre datos históricos aún no revelados.

Las imágenes fueron editadas utilizando paint y power point.
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