Dicen que las mejoras cosas son las que se hacen sin mucha planificación, y aunque esto obviamente no aplica para cientos de cosas en la vida, hay otras tantas circunstancias en las que la improvisación del momento deja un grato y dulce sabor. Sí, dulce sabor, porque se trata de un postre.
Tenía varios días por hacer esta publicación, no tanto por el hecho de compartir la receta, no tiene mayor novedad, sino por compartir mi experiencia en un área de la gastronomía que trato con mucho respeto, la repostería.
Estudié cocina por dos años, amé todo el proceso, hasta que llegamos al módulo de repostería y pastelería, me resistía a aceptar que en la elaboración de postres no se admiten improvisaciones, que hay que apegarse estrictamente a la receta en cuanto a proporciones y cantidades. Siempre pensé que era yo la única con esa frustración, pero cuando veo en Masterchef a todos los concursantes llevarse las manos a la cabeza cada vez que el reto de la cocina involucra la repostería, entonces respiro y pienso: tranquila mujer, no estás sola.
Si bien no me decanto por hacer postres, hay algunos en los que me destaco y quedan espectaculares (son contados, eso sí), y hay otros cuya receta es tan sencilla que sería imperdonable fallar, y aún así he fallado… ¿por qué? por no apegarme a la receta, bendita irreverencia la mía.
En día pasados andaba con un bajón de azúcar de esos que piden a gritos un dulcito, y buscando en la nevera conseguí lo necesario para preparar una rica marquesa: galletas dulces, leche condensada y limón; los tres mosqueteros que jamás te dejarían mal.
He hecho marquesas muchísimas veces, siempre quedan riquísimas, es que su fórmula es infalible… siempre que no se te ocurra agregar “otras cosas”.
Ya les dije que no soy buena haciendo dulces, así que pueden deducir que hacer un buen merengue (de ningún tipo) sea precisamente mi fuerte; sin embargo, consciente de ello me atreví a imaginar lo delicioso que sería cubrir mi marquesa con merengue. Para entonces estaba en una conversación con @josecarrerag y por supuesto era un comodín que no iba a desperdiciar, a él si que se le da muy bien lo de la repostería, así que de inmediato me develó su técnica segura y uno que otro secretico, pero el más importante me lo dijo extemporáneamente jajaja ya el mal estaba casi consumado… menos el azúcar, ese seguía intacto sin intenciones de caramelizarse.
Superada la fase anterior, llegaba el momento álgido en mi intento de hacer un merengue decente; “bate Gora, bate, no dejes de batir hasta que el envase esté frío y el merengue en su punto”, fueron sus indicaciones …Ok, batir como si no hubiese un mañana, listo, entendido.
Minutos después, así quedó el batidor jajaja (no mostraré como quedó la cocina, y todo alrededor).
Con el proceso a medio hacer, y sin batidora para terminar, el resultado era que el que estaba y nada más.
Evidentemente no era lo que esperaba, pero José intentó mitigar mi decepción diciendo que tenía buena pinta, textura y brillo.
Más allá de la apariencia, lo que si les puedo confirmar, es que la marquesa estaba realmente deliciosa, cómo no estarlo si es una combinación exquisita: dulce, ácido… y más dulce.
La idea de presentar la marquesa con esa cubierta de merengue tal como se haría con un pie, era acertada, pero… la culpa es de la vaca, perdón, del batidor.
Y ustedes dirán, ¿qué hace este post en esta comunidad? y es comprensible la duda, originalmente un post vinculado a la gastronomía tendría cabida en otras comunidades, pero quienes vivieron y sufrieron este proceso conmigo pensaron distinto.
Lo que sí puedo decirles es que aprendí, aprendí que es momento de superarlo, de hacer las pases con los procedimientos, con las medidas exactas y con las técnicas adecuadas; es momento de aceptar, que como en la vida, en la cocina también se vale improvisar, pero no siempre, llega un punto en el que debemos respetar las reglas para tener éxito… tal cual lo exige la repostería. Me queda claro que negarnos a nosotros mismos el poder o no hacer algo sin siquiera intentarlo, es la primera garantía de fracaso, y no más, ya no más.
¡Qué viva la marquesa de limón!
… sin merengue.
Todas las imágenes de esta publicación son de mi autoría y propiedad tomadas con un teléfono móvil iPhone 12 Pro Max.