En las sombras de la noche, un pintoresco pajarillo amarillo se posaba sobre una estructura sosteniendo una taza. La escena, con un fondo púrpura, parecía sacada de un cuento, pero para Alicia, quien observaba desde la ventana, sentía que había algo inquietante.
Alicia era una artista y la imagen del pájaro le provocó escalofrío.
Decidió plasmar la escena en un lienzo, capturando cada detalle. Mientras pintaba, no podía sacudirse la sensación de que había algo más en la imagen.
Al terminar, dio un paso atrás para admirarla. Fue entonces cuando notó que la taza parecía moverse. Parpadeó varias veces, convencida de que era el cansancio. Sin embargo, cuando volvió a mirar, la taza había desaparecido. En su lugar, había una pequeña llave.
Intrigada, se acercó al lienzo. La llave parecía real, como si pudiera tocarla. Extendió su mano, y para su sorpresa, sintió el metal frío. Tocó la llave y, esta se desprendió del cuadro.
Alicia miró a su alrededor, buscando alguna explicación lógica, pero no había nadie más allí. La única compañía era el cuadro y el misterioso pájaro que ahora parecía observarla con una inteligencia desconcertante.
Alicia se percató de que había una pequeña cerradura en la estructura verde y azul en el cuadro. Quería intentar usar la llave, pero algo en su interior le decía que eso no sería bueno. Pero la curiosidad era más fuerte que el miedo.
Insertó la llave en la cerradura y giró. Un sonido resonó en la habitación, y el cuadro comenzó a brillar con una luz cegadora.
Cerró los ojos, y cuando los abrió, ya no estaba en su estudio. Se encontraba en un sitio donde el cielo era púrpura y el pájaro amarillo la esperaba, como si fuera el guardián de un secreto que estaba a punto de revelarse.
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Extraño Concurso No 33. A través de la ventana.
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