Crujió el cemento, la tarde se quebró en pedazos,
un monstruo ciego bajo el suelo despertó su furia,
y en treinta y nueve segundos de gris penumbra,
la tierra misma desató sus más fríos lazos.
La Guaira llora el silencio que quedó en la costa,
el Ávila tiembla de impotencia y de amargo llanto,
tantas promesas sepultadas bajo el espanto,
tantas ausencias que hoy no encuentran una respuesta.
Eran las seis de una jornada que parecía eterna,
manos que regresaban buscando el calor del nido,
hoy son memorias atrapadas en el olvido,
bajo el escombro que apagó la luz de la linterna.
Ya no hay palabras que calmen este mar de duelo,
solo el susurro de un rescate que busca vidas,
entre las piedras, las miradas quedan perdidas,
pidiendo al cielo que bendiga este humilde suelo.
Gracias por tu visita!