Frente al gran horizonte de rumbos cruzados,
donde el alma decide qué suelo pisar,
no avanzamos a ciegas ni desamparados
si aprendemos, de frente, los ojos alzar.
Se elige el camino doblando rodillas,
pidiendo a Dios su luz y dirección,
para que sus pasos sean nuestras orillas
y calmen la duda de este corazón.
Las metas que amamos, los sueños marcados,
son faros que vibran con fuerza y virtud;
si el plan de la vida lo pone a su lado,
la noche más oscura se llena de luz.
No hay senda perdida si Dios va guiando,
ni meta lejana si hay fe al caminar;
la historia más bella se escribe avanzando,
con el cielo por guía y un mundo que andar.
*Imegn generada en Gemini IA