Tocan la puerta con dedos de seda,
traen el eco de un viejo dolor,
quieren sembrar otra vez la tiniebla
donde ya late un nuevo color.
Fantasmas que intentan vivir en tu mente,
viejos inviernos vestidos de sal,
vienen buscando tu sol del presente
para arrastrarte a su antiguo caudal.
No los escuches si llaman tu nombre,
por nada les permitas entrar,
que no te asuste su sombra, ni asombre,
ya no hay asientos para su pesar.
Cierra el la puerta, defiende tu calma,
deja que mueran afuera, en la piel,
que los fantasmas no entren al alma
que ahora florece a otro nivel.