No es que el invierno no haya sido frío,
ni que el viento no lograra castigar la piel;
es saber que, aun con el cauce seco del río,
el agua de la lluvia siempre ha de volver.
Ser resiliente no es volverse de piedra,
ni ocultar las grietas que dejó el dolor,
es abrazar la herida como abraza la hiedra
al viejo muro cansado, devolviéndole el color.
Es el bambú que se dobla ante la tormenta,
que cede al azote pero nunca se quiebra,
es el alma que en el silencio se reinventa
y el corazón que en cada caída algo celebra.
No borres las marcas de tus batallas,
son el mapa exacto de tu propia fe;
cuando el miedo ruge y la esperanza calla,
recuerda el milagro de seguir de pie.
Porque después del fuego, la tierra es más fuerte,
y entre las cenizas siempre nace una flor.
No hay invierno eterno que dicte tu suerte,
tú eres la danza entre la lluvia y el sol.
*Imagen generada en Gemini IA