Gracias, vida, por el viento y por el fuego,
por el pan en la mesa y el abrigo,
por el día que nace y el sosiego,
y por la mano franca del amigo.
Gracias por el camino transitado,
por la espina que hiere y da enseñanza,
por el dulce recuerdo del pasado
y el latido que enciende la esperanza.
Gracias te doy por la mirada clara,
por el llanto que limpia los dolores,
por la tormenta que ante mí se para
y por el campo lleno de colores.
Gracias, en fin, por la lección divina
de comprender que todo es un regalo:
el sol brillante que la tarde inclina,
y el aprender de lo bueno y lo malo.