Las leguas que jamás recorrimos
¿Qué yace en la orilla de los recuerdos,
sino la bruma de sus desprecios?
Una ola bate mi alma más fuerte que la otra,
deshaciéndola en granos, aún estando rota.
Un barco atraca en el lado izquierdo.
De ahí, del lado menos cuerdo.
El sinsabor de su arsenal explota,
Detonando mi alma devota.
En el muelle de mis anhelos,
ya no llegan sentimientos bellos.
Quedan flotando en el mar
las lágrimas de este capitán.
Si no me comen los tiburones fieros,
que se marchite mi amor en el salado suelo,
tal como tu memoria de mi radar
después de tanto, en vano, amar.