Él escribió "te amo" y corriendo lo puso en la mesa y mientras se retiraba le gritó "¡es para ti!". Ella lo leyó, llorando se puso a responderle, borraba y escribía, escribía y borraba, sentía que las palabras eran mudas, estaban incoloras, se habían vestido sin olores, no lograban expresar lo que sentía, hasta que por fin lo hizo, caminó hacia él y mirándole se la entregó.
Sonrojado se apartó del grupo y se puso a leer, las sonrisas lo abandonaron y la oscuridad se volvió su compañera. Desde ese instante nunca más volvió a escribir.
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