En todas partes, IA... [Es-En] AI is everywhere...

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En todas partes, IA, desde el WhatsApp al noticiero y el discurso del Papa.
Ofertas para acceder a su servicio y hasta para crear tu propia aplicación sin saber programar. Gratis por ahora, salvo que la ocupes demasiado y te ofrezca una promoción de nivel avanzado o esperar a mañana.

Al tiempo, advertencias, peligros, temores. Campaña tras campaña pidiendo prudencia y, sobre todo, control. Control y regulación.

Temor sembrado junto a la necesidad, mercadeo de adicción que da frutos. Clientes cautivos dispuestos a pagar y ciudadanos atemorizados dispuestos a ceder libertad por seguridad y aceptar controles, vigilancia y digitales corrales donde pastar.

De momento, esa es mi opinión acerca de esta herramienta sofisticada que llaman inteligencia, y lo mismo sirve al matemático que al escritor o al político. Los peligros de una IA villana pudieran hacerse realidad el día que la instalen en un cuerpo con movilidad y autonomía capaz de interactuar en el mundo físico. Un robot que digamos creado con fines militares esté desprovisto de aquellas leyes que diseñó el docto Asimov.

Con estas ideas en mente, se me ocurrió la idea poco original de preguntarle a la misma IA su opinión al respecto, y en consecuencia le planteé la siguiente pregunta:

¿Qué peligros puede haber para un humano que se relaciona a diario con una o más inteligencias artificiales?

La respuesta de ChatGPT superó las mil palabras, por lo que le pedí un resumen de 300 o menos que les comparto a continuación. La respuesta completa la dejaré en un comentario para los más acuciosos.


[Imagen creada por ChatGPT a partir de la siguiente orden: Crea una imagen luminosa y apaisada que represente la conversación precedente.]

Relacionarse diariamente con una o más inteligencias artificiales puede ser muy útil, pero también presenta algunos riesgos:

  1. Delegar demasiado el pensamiento. Si dejamos que la IA escriba, analice, recuerde y decida constantemente por nosotros, podemos perder práctica en determinadas capacidades intelectuales.

  2. Confundir fluidez con verdad. Una IA puede responder con gran seguridad y elegancia y, aun así, equivocarse. Una respuesta convincente no necesariamente es una respuesta verdadera.

  3. Dependencia emocional. Una IA siempre disponible, paciente y adaptada a nuestra personalidad puede convertirse en sustituto de relaciones humanas reales.

  4. Cámara de eco. Si la IA se adapta continuamente a nuestras ideas, puede reforzar nuestras propias opiniones. Conviene pedirle deliberadamente argumentos contrarios y perspectivas diferentes.

  5. Pérdida de privacidad. Las conversaciones pueden revelar progresivamente hábitos, relaciones, preocupaciones, proyectos y otros datos personales. La acumulación de información puede ser más reveladora que cualquier dato aislado.

  6. Manipulación personalizada. Una IA capaz de conocer nuestras preferencias puede producir mensajes especialmente eficaces para persuadirnos, vendernos algo o influir en nuestras decisiones.

  7. Sustituir experiencias reales por simulaciones. Una IA puede explicar extraordinariamente bien un viaje, una relación, una obra de arte o una experiencia, pero describir algo no equivale a vivirlo.

  8. Pérdida de tolerancia a la dificultad. Si siempre recurrimos a la IA para evitar el esfuerzo de aprender, escribir o resolver problemas, podemos perder parte del aprendizaje que surge precisamente de enfrentarnos a esas dificultades.

  9. Antropomorfismo. Su lenguaje puede hacernos atribuirle sentimientos, intenciones o conciencia, aunque sepamos que estamos interactuando con una máquina.

  10. Delegar la propia identidad. El riesgo más profundo aparece cuando empezamos a preguntarle a la IA no solo qué hacer, sino quiénes somos y qué debemos pensar de nosotros mismos.

En resumen: la IA puede ser un excelente interlocutor y herramienta, pero conviene evitar convertirla en sustituto del pensamiento, de las relaciones humanas o de nuestro propio criterio.

Mi conclusión es que podemos usarla con las pertinentes precauciones, algo así como las conducentes al emplear un hacha, una pistola neumática de clavos o un camión de 22 ruedas.
No caer en la tentación de hacerla un sustituto de una relación humana. Me parece más sano humanizar a una mascota que, a fin de cuentas, es un ser vivo con emociones.


[Imagen propia donde comparten espacio esculturas creadas con impresión 3D, amigurumis de dulce.crucita@dulce.crucita y jabón de carbón de aurora.jabon@aurora.jabon identificado con mi avatar, creación de germanandradeg@germanandradeg.]

Y luego de esta publicidad, el mismo texto en inglés mediante el traductor Google.

Gracias por su lectura; su comentario es bienvenido en el idioma de su preferencia.

AI is everywhere...

AI is everywhere—from WhatsApp to the nightly news and even the Pope’s speeches.
There are offers to access the service, and even to build your own app without knowing how to code. It’s free for now—unless you use it too much, at which point it offers you an advanced-tier promotion or tells you to wait until tomorrow.

At the same time, there are warnings, dangers, and fears. Campaign after campaign calls for prudence and, above all, control. Control and regulation.

Fear is sown alongside need, creating a market for addiction that bears fruit. There are captive customers willing to pay, and frightened citizens willing to trade freedom for security—accepting controls, surveillance, and digital paddocks in which to graze.

For the moment, that is my take on this sophisticated tool they call "intelligence"—a tool that serves the mathematician, the writer, and the politician alike. The dangers of a malevolent AI could become reality the day it is installed in a body with mobility and autonomy, capable of interacting with the physical world. Imagine a robot created for military purposes, yet devoid of the laws devised by Dr. Asimov.

With these thoughts in mind, I had the unoriginal idea of ​​asking the AI ​​itself for its opinion on the matter, so I posed the following question:

What dangers might a human face when interacting daily with one or more artificial intelligences?

ChatGPT’s response exceeded a thousand words, so I asked for a summary of 300 words or less, which I am sharing below. I will leave the full response in the comments for those who wish to dig deeper.
[Image created by ChatGPT based on the following prompt: Create a bright, landscape-oriented image representing the preceding conversation.]

Interacting daily with one or more artificial intelligences can be very useful, but it also presents certain risks:

  1. Over-delegating thought. If we constantly let AI write, analyze, remember, and decide for us, we may lose practice in certain intellectual skills.

  2. Confusing fluency with truth. An AI can respond with great confidence and elegance and still be wrong. A convincing answer is not necessarily a true one.

  3. Emotional dependence. An AI that is always available, patient, and adapted to our personality can become a substitute for real human relationships.

  4. Echo chamber. If the AI ​​continuously adapts to our ideas, it can reinforce our own opinions. It is advisable to deliberately ask for counter-arguments and different perspectives.

  5. Loss of privacy. Conversations can progressively reveal habits, relationships, concerns, projects, and other personal data. The accumulation of information can be more revealing than any single piece of data.

  6. Personalized manipulation. An AI capable of knowing our preferences can generate messages that are particularly effective at persuading us, selling us something, or influencing our decisions.

  7. Replacing real experiences with simulations. An AI can explain a trip, a relationship, a work of art, or an experience extraordinarily well, but describing something is not the same as living it.

  8. Loss of tolerance for difficulty. If we always turn to AI to avoid the effort of learning, writing, or solving problems, we may miss out on the learning that comes precisely from facing those difficulties. 9. Anthropomorphism. Its language can lead us to attribute feelings, intentions, or consciousness to it, even though we know we are interacting with a machine.

  9. Delegating one's own identity. The deepest risk arises when we start asking AI not just what to do, but who we are and what we should think about ourselves.

In short: AI can be an excellent conversational partner and tool, but we should avoid turning it into a substitute for thought, human relationships, or our own judgment.

My conclusion is that we can use it with the necessary precautions—much like the care taken when using an axe, a pneumatic nail gun, or an 18-wheeler truck.
We should not fall into the temptation of making it a substitute for a human relationship. I find it healthier to humanize a pet, which is, after all, a living being with emotions.


[My own image featuring 3D-printed sculptures, amigurumis by dulce.crucita@dulce.crucita, and charcoal soap by aurora.jabon@aurora.jabon, all alongside my avatar—a creation by germanandradeg@germanandradeg.]

And following this plug, here is the same text in English via Google Translate.

Thank you for reading; comments in your preferred language are welcome.

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