Dicen que la IA podría destruir al mundo, pero la verdad es mucho más siniestra
Dicen que la IA podría destruirnos. Desde la aparición de ChatGPT, cada semana aparece alguien haciendo declaraciones proféticas sobre el fin de nuestra civilización a manos de la Inteligencia Artificial. Pero la verdad es mucho más siniestra.
Una de las primeras cosas que nos enseñan cuando estudiamos algo de informática es que las computadoras son “tontas” y que no pueden hacer otra cosa que lo que le pedimos. Es decir, si no sabemos usar la computadora, ella no hará nada por nosotros.
La IA no es más de un programa de computadora que intenta imitar nuestra forma de pensar y que tiene acceso a toda la información contenida en millones de datacenters y computadoras conectadas a Internet.
La gente imagina que la IA se encuentra en un sólo lugar y que en algún momento tomará conciencia de sí misma y decidirá eliminarnos, pero hay varias cuestiones lógicas que los especialistas en esta tecnología no nos han explicado muy bien.
Por ejemplo, ¿ChatGPT tiene un cerebro central al que millones de personas acceden a la vez desde miles de lugares? ¿O en realidad cada usuario accede al datacenter más cercano a su domicilio y a una instancia de ChatGPT y hace la pregunta sobre lo que quiere saber?
Este simple detalle puede cambiar la forma en que se forma la “conciencia” de esa inteligencia artificial en particular.
Por otra parte, ¿qué es la conciencia? Esta es una pregunta filosófica que algunos de los mejores cerebros de la historia han logrado definir y aún no han podido entender muy bien cómo funciona.
La conciencia humana es uno de los misterios más grandes del universo y llevamos millones de años caminando por aquí. Se sabe cómo funciona el cerebro pero no muy bien qué es la conciencia.
Después está el “temita” de la intención o voluntad. Los programas de computadoras son creados para, siguiendo una serie de rutinas, conseguir un resultado específico. O bien hacer una suma, resolver un ecuación o buscar entre millones de datos la información que necesitamos para resolver un problema.
Pero no han sido programados para tener voluntad propia. A menos que alguien lo programa específicamente para destruir a la humanidad, es imposible que a una computadora se le ocurra hacerlo.
Y allí está el dato siniestro. Podría hacerlo si nosotros las programaramos para hacerlo.
Ahora, la inteligencia artificial podría destruirnos. La conclusión es que no, pero sí podría hacerlo la estupidez humana utilizando como herramienta la IA.
Un ejemplo práctico. Trabajo desde hace años en un periódico. Dentro de la plantilla hay alguien que se dedica a la informática, pero que siempre ha querido ser periodista. Con la aparición de la IA esta persona ha comenzado a “escribir” artículos periodísticos. En realidad le pide a la IA que lo haga.
La pregunta es: ¿La IA le quitará el trabajo a los periodistas? La respuesta es no. Pero quien le quitará el trabajo a los periodistas serán personas que no saben nada de periodismo y que utilizando la IA hagan la tarea de varios profesionales.
Esto es lo que está pasando en todos los ámbitos. No es la IA, es el egoísmo, la avaricia y la estupidez humana lo que podría terminar con el trabajo de cientos o miles de personas y generar un colapso económico.